Regan ahora es una vivaz adolescente que convive con la secretaria de su madre y toma clases de baile, mientras asiste a una psicóloga para tratar unos sueños recurrentes que la acosan. El Vaticano impone al padre Lamont la misión de descubrir qué mató al padre Merrin, así pues acude a visitar a Regan y, de paso, a su psicóloga.

Dirección: John Boorman. Producción: Warner Bros. Productores: John Boorman, Richard Lederer. Productor asociado: Charles Orme. Guion: William Goodhart, [y, sin acreditar, John Boorman, Rospo Pallenberg]. Fotografía: William A. Fraker. Música: Ennio Morricone. Montaje: Tom Priestley. Diseño de producción: Richard Macdonald. FX: Dick Smith (efectos de maquillaje), Albert Whitlock (efectos visuales). Director de 2ª unidad: Rospo Pallenberg. Intérpretes: Linda Blair (Regan MacNeil), Richard Burton (padre Philip Lamont), Louise Fletcher (Dr. Gene Tuskin), Max von Sydow (padre Merrin), Kitty Winn (Sharon Spencer), Paul Henreid (el Cardenal), James Earl Jones (Kokumo anciano), Ned Beatty (Edwards), Belinda Beatty (Liz), Joey Green (Kokumo joven), Rose Portillo, Barbara Cason, Tiffany Kinney, Fiseha Dimetros, Ken Renard, Hank Garrett, Lorry Goldman, Bill Grant, Shane Butterworth, Joely Adams, Karen Knapp… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1977. Duración y datos técnicos: 118 min. color 1.85:1.

El exorcista logró en el mundo entero una recaudación de más de cuatrocientos millones de dólares. Warner Brothers, pues, planeó una secuela al gran éxito de Friedkin,  Exorcista II: el hereje (Exorcist II: The Heretic, 1977), de la que se oyó hablar durante mucho tiempo, con confirmaciones y desmentidos constantes, tanto respecto al proyecto como al propio título de la película. Los implicados en el título original se mostraron contrarios a una secuela, si bien tanto William Friedkin como William Peter Blatty mantuvieron conversaciones con el estudio para ofrecer ideas, desvinculándose finalmente cuando vieron que sus propuestas no eran aceptadas. Tanto Linda Blair como Ellen Burstyn se negaron a participar en cualquier secuela, aunque después Blair aceptó cuando le presentaron un “buen guion”, según ella; más tarde, la actriz se escudó en que las constantes reescrituras lo estropearon. Como Burstyn se negó a aparecer, su personaje fue cambiado por el de su secretaria Sharon (que al final de la primera rompía lazos profesionales con su jefa), así pues la actriz Kitty Winn retomó su papel en un cometido muy secundario sin especial relevancia, casi de comparsa.


Como actores, para los demás cometidos se barajaron muy diversos nombres. Para el papel de padre Lamont (que en el guion originario era el padre Dyer, de la primera película, pero como el actor, el padre O’Malley, estaba ocupado, se cambió) se pensó en Jon Voight (que aceptó, pero luego rechazó por no estar de acuerdo con ciertos elementos del libreto), David Carradine (desechado al final por disputas respecto a la serie Kung Fu, también de la Warner), Jack Nicholson (cuyos honorarios resultaron ser demasiado caros) o Christopher Walken (actor al que el estudio no consideró adecuado). El teniente Kinderman, que en la película anterior fue interpretado por Lee J. Cobb, también aparecía originalmente en la presente, pero tras la muerte del actor se rescribió el guion de forma considerable, eliminándolo.


El papel del doctor Tuskin fue concebido en un principio como varón. En esa etapa del proyecto, los actores barajados fueron Chris Sarandon (que no gustó a Boorman), George Segal (al igual que Nicholson, demasiado caro para el presupuesto de la cinta) y, de nuevo, David Carradine. Cuando se decidió cambiar de sexo al personaje, el guionista sugirió a Jane Fonda o Ann-Margret, pero Boorman eligió a la grandiosa Louise Fletcher. Linda Blair, por su parte,  se negó a soportar un maquillaje similar al que detentaba en la primera entrega, así pues todos los planos en los cuales se la ve poseída están en realidad interpretados por una doble. Por último, la dirección fue ofrecida de nuevo, al igual que en la primera, a Stanley Kubrick, pero este pasó olímpicamente del tema. Más tarde, el proyecto fue otorgado a John Boorman.

Respecto al guion, este fue debido al autor teatral William Goodhart, muy interesado en teología y ocultismo, aunque sufrió constantes reescrituras (no acreditadas) tanto por parte del propio Boorman como de Rospo Pallenberg, habitual colaborador suyo y responsable del libreto de la magnífica Excalibur (Excalibur, 1981). Goodhart basó el guion en las teorías de Pierre Teilhard de Chardin, un paleontólogo y arqueólogo jesuita que ya inspiró a Blatty para el personaje de Merrin en el libro (y que en la presente es citado), y que creía en una mente telepática universal, una especie de versión de parapsicología barata y amplificada del inconsciente colectivo junguiano. Boorman sugirió a Goodheart algunos retoques, a lo que este se negó, de ahí las reescrituras antes mencionadas, realizadas tanto en pre-producción como a lo largo del rodaje.

La noche del estreno las carcajadas en el cine fueron apoteósicas. Al principio todo parecía ir bien, pero ante la aparición de la máquina sincronizadora, las risas comenzaron a sonar, y el público arrojó incluso objetos a la pantalla. La película fue retirada de pantalla hasta dos veces para realizar retoques, permutas, reubicaciones y añadidos al montaje. Ello derivó en un sonoro fracaso para el film con mayor presupuesto de la Warner hasta ese momento, catorce millones de dólares, aunque en principio se pretendía que fuera un film pequeño, de no más de tres millones. Además, durante el rodaje hubo problemas; según dice Linda Blair, desde la mitad del mismo hasta el final, Richard Burton estuvo todo el rato ebrio, y entre todos imperaba un ambiente tenso; además, Boorman enfermó y el rodaje se paralizó cinco semanas, y también cayeron enfermas Kitty Winn y Louise Fletcher, y el montador original abandonó y hubo de ser reemplazado. También se necesitó rodar de nuevo algunas escenas, al estar sobrexpuestas, y las langostas importadas de Inglaterra se murieron demasiado pronto (de dos mil quinientas, morían cien diarias). Ese fracaso ocasionó que el rodaje de una nueva secuela se paralizase, pese a que se tenía previsto. En DVD está editada (al menos en zona 1, que es la copia que yo poseo) con el montaje original de Boorman, antes de los retoques señalados, y que es con los cuales la vimos en el cine, y de ese visionado procede mi comentario siguiente.


La película comienza presentándonos al segundo exorcista, el padre Lamont, enfrentado a un caso de posesión en un país de Sudamérica, en el cual la víctima morirá entre llamas. Después se nos muestra a Regan, ahora una vivaz adolescente que convive con la secretaria de su madre y toma clases de baile, mientras asiste a una psicóloga para tratar unos sueños recurrentes que la acosan. El Vaticano impone a Lamont la misión de descubrir qué mató al padre Merrin, así pues acude a visitar a Regan y, de paso, a su psicóloga. La profesional posee un aparato sincronizador que hipnotiza al paciente y después introduce al médico en la misma fase sofrológica para internarse mejor en los recuerdos del enfermo; además, parece producirse un efecto telepático con lo cual la exploración es muy completa.


La mera idea de semejante aparato es una tontería, y es un fallo de guion bastante ostentoso, que además sostiene dramáticamente la película durante gran parte del metraje, aunque durante la primera experiencia ello brinda un efecto visual muy interesante, como la sobreimpresión que se produce con el exorcismo originario; el rostro de la Regan posesa se sobrepone al de la actual y, en especial, la psicóloga sufre el trance del padre Merrin, padeciendo un ataque al corazón, durante el cual la Regan poseída, de nuevo en sobreimpresión, la manipula el pecho, hiriéndola, mientras la actual lo masajea, confortándola.


Otro paralelismo similar acontece cuando Lamont observa el dibujo que Regan ha hecho de él, mostrando su rostro envuelto en llamas. El sacerdote intuye que hay un incendio, como así será. Mientras lo intenta sofocar, observa el rostro de una muñeca consumiéndose por el fuego, al igual que la mujer que auxilió en el inicio; además, la doctora Tuskin verá a Lamont rodeado en llamas, del mismo modo que sucede en el dibujo.

La doctora Tuskin representará la razón, mientras que el padre Lamont es la fe, y ambos personajes se enzarzarán en discusiones morales acerca del tema, representando cada uno una postura, si bien los diálogos que mantienen son notablemente pueriles, soltando solo conceptos elementales tanto uno como otra. Quizás se nos quiera decir que ambos, cada uno en su campo, son unos fanáticos, pero en ese caso fallan como figuras para imponer una tesis, que es el objetivo del film, lanzar “grandes ideas”, predicar, en suma, como un obispo en su púlpito. Esta cinta es un ejemplo del Boorman más solemne y superficial, en contraposición con sus grandes obras.


En medio de todo ello, sin embargo, hallamos detalles interesantes, como la atractiva atmósfera de las escenas oníricas, ambientadas en un África de pesadilla, o las secuencias que no son sueños que transcurren en el oscuro continente, rodadas en su mayoría en interiores, lo que les otorga un aura irreal; la escena en la que Pazuzu lleva a Lamont a conocer al muchacho que otrora Merrin exorcizó, ahora un hombre maduro, comienza de un modo maravilloso, pero acaba de forma abrupta y de un modo chocarrero con el rugido de un leopardo (el propio africano profiere el rugido, que es reemplazado por un plano del animal), en un pueril y grotesco montaje comparativo.


Así pues, pese a esos ocasionales, muy ocasionales, destellos de interés, la cinta se precipita en el mayor de los ridículos, como los ataques del mal a Sharon y la doctora, primero desestabilizando el avión, en un momento casi paródico (Aterriza como puedas viene a mente), y luego accidentando el taxi en que viajan, o la absurda y gratuita muerte del personaje interpretado por  Kitty Winn.


Boorman ha rodado grandes obras, pero cuando aquí decidió abordar el cine de terror lo efectuó haciendo uso de sus fórmulas más ramplonas y elementales, pero al mismo tiempo valiéndose de una afectación que termina por hacer naufragar los resultados. A mayor inri, la voz de Pazuzu es por completo risible, cuando en el título anterior era estremecedora, y en ningún momento se consigue crear un aire de inquietud y desazón, presenciándose las imágenes con un constante tedio y desidia.

 

Anécdotas

  • Títulos de rodaje: The Exorcist II / The Exorcist II: The Heretic.
  • Título en Argentina, México y Perú: El exorcista II – El hereje.
  • Candidata en 1978 por parte de la Academy of Science Fiction, Fantasy and Horror Films de un galardón a los efectos especiales.
  • Antes de que Linda Blair aceptase volver a encarnar a Regan, se consideró para el papel a Melissa Sue Anderson, Rosanna Arquette, Jamie Lee Curtis, Jodie Foster, Mariel Hemingway, Helen Hunt, Jennifer Jason Leigh, Kristy McNichol, Tatum O’Neal o Brooke Shields, ya prevista esta en la inicial.
  • La saga sigue con El exorcista III (The Exorcist III: Legion, 1990), de William Peter Blatty.
  • Estrenada en Estados Unidos el 17 de junio de 1977; en España se estrenó el 3 de abril de 1978.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)