Un terremoto en una localidad de México hace llegar a la zona a dos geólogos, uno estadounidense y otro local. En su errar por el lugar van percibiendo señales de que algo más ha sucedido, hasta toparse repentinamente con un escorpión gigante.

Dirección: Edward Ludwig. Producción: Amex Productions, Frank Melford-Jack Dietz Productions para Warner Bros. Productores: Jack Dietz, Frank Melford. Guion: David Duncan, Robert Blees, según una historia de Paul Yawitz. Fotografía: Lionel Lindon. Música: Paul Sawtell; música electrónica: Jack Cookerly. Montaje: Richard L. Van Enger (supervisor). Dirección artística: Edward Fitzgerald. FX: Willis H. O’Brien (supervisor de efectos especiales), Wah Chang (creador de la marioneta del escorpión, sin acreditar), Pete Peterson (animación), Ralph Hammeras (efectos adicionales, sin acreditar), Mandine Rogne (efectos de sonido). Intérpretes: Richard Denning (Henry ‘Hank’ Scott), Mara Corday (Teresa Álvarez), Carlos Rivas (Arturo Ramos), Mario Navarro (Juanito), Carlos Múzquiz (Dr. Velasco), Pascual García Peña (José de la Cruz), Fanny Schiller (Florentina), Pedro Galván (padre Delgado), Arturo Martínez (mayor Cosío), Roberto Contreras (Chumacho), Fernando Curiel (Pillo), Margarito Luna (operador de la grúa), Bob Johnson (narrador / operador de radio policial / locutor de radio / locutor de megafonía [voz]), Quintín Bulnes, José Chávez, Ángel Di Stefani, Alfonso Díaz Landa, Leonor Gómez, Jaime González Quiñones, Héctor Mateos, José L. Murillo, Carlos David Ortigosa, Manuel Sánchez Navarro, Isabel Vázquez ‘La Chichimeca’, Enrique Zambrano… Nacionalidad y año: Estados Unidos, México 1957. Duración y datos técnicos: 88 min. – B/N – 1.37:1 (formato del negativo) / 1.85:1 (formato de proyección) – 35 mm.

 

The Black Scorpion (1957) es un clásico filme de ciencia ficción de la época dirigido por Edward Ludwig, artesano característico del cine de serie B, que en los últimos tiempos está empezando a gozar de cierta revalorización, en especial por La venganza del bergantín (Wake of the Red Witch, 1948), película de aventuras con John Wayne, que, curiosamente, ofrece en su trama también un monstruo gigante, en ese caso un pulpo[1]. En cuanto a The Black Scorpion, su única película del género, los efectos especiales corrieron a cargo de Willis O’Brien en colaboración con Pete Peterson[2]. Al tratarse de una película de bajo presupuesto, ambos se vieron obligados a economizar al máximo: comenzaron a filmar los efectos especiales en un gran camerino remodelado en los estudios Tepeyac de Ciudad de México, pero cuando se quedaron sin dinero terminaron la película en el garaje de Peterson, en Encino, California.

 

La película arranca con escenas de archivo y una voz de noticiario que informa de un terremoto acontecido en una región de México. Tras los créditos, la zona volcánica es recorrida por un jeep en el que viajan dos geólogos, el estadounidense Hank Scott (Richard Denning) y el mexicano Arturo Ramos (Carlos Rivas). Estas imágenes ofrecen un notorio contraste con las previas, al exhibir unas hermosas tomas nocturnas por medio de maquetas. De hecho, la fotografía, debida a Lionel Lindon[3], es uno de los puntos fuertes de esta producción de serie B, dado que gran parte de la cinta transcurre de noche, lo cual confiere a las imágenes una adecuada atmósfera desasosegadora y tiñe el filme de un tono cercano al terror.

La película semeja nacida a rebufo de otras producciones previas. Ese arranque misterioso, en el que los protagonistas se topan con casas y vehículos destrozados por un peligro ignoto, recuerda poderosamente a La humanidad en peligro (Them!, Gordon Douglas, 1954). Asimismo, el entorno exótico en que transcurre, México, parece seguir la estela de 20 Million Miles to Earth [dvd: A 20 millones de millas de la Tierra, Nathan Juran, 1957], con efectos especiales de Ray Harryhausen, ambientada en Italia, aunque quizá solo se trate de una coincidencia, dadas las fechas tan cercanas de ambos filmes.

De hecho, el rodaje en México pudo deberse tanto a la proximidad geográfica como a los menores costes de producción, y no era la primera vez que Willis O’Brien trabajaba con ese país como escenario. Allí se filmó La bestia de la montaña (The Beast of Hollow Mountain / La bestia de la montaña hueca, Edward Nassour, Ismael Rodríguez, 1956), y también allí había de devenir el proyecto no rodado de Emilio and Guloso / El Toro Estrella / Valley of the Mist (ca. 1950)[4], que acabaría deviniendo en The Valley of Gwangi [tv/dvd/bd: El valle de Gwangi, Jim O’Connolly, 1969], rodada finalmente en España con Ray Harryhausen en los trucajes.

La trama sigue las convenciones clásicas de este tipo de cine. Los dos protagonistas conocen a la propietaria de un rancho cercano, y pronto surge un idilio entre la mexicana Teresa Álvarez (Mara Corday) y el norteamericano Hank, romance que se entrelaza de manera constante con la línea argumental principal. También aparece un niño, Juanito (Mario Navarro), pesado hasta la extenuación, que con la excusa de «ayudar» no deja de provocar situaciones de peligro. Aunque los protagonistas son geólogos, el guion se las ingenia para convertirlos en figuras esenciales en la lucha contra los escorpiones gigantes: ambos descienden a una sima y observan a las criaturas en su hábitat natural, lo que, en cierta medida, los convierte en expertos.

Como se ha señalado, los efectos especiales fueron supervisados por Willis O’Brien, mientras que Pete Peterson se encargó directamente de la animación de los escorpiones y de las criaturas del pozo (un gusano, una araña y una especie de pterodáctilo que apenas se vislumbra). Además, Wah Chang, colaborador habitual en las películas de George Pal, construyó una marioneta del escorpión —de la que se aprecia la parte frontal y una pinza— que no deja de babear. Los escorpiones se presentan, por tanto, mediante diversos recursos: por un lado, las animaciones en stop-motion de Peterson, notables pese a que la falta de presupuesto les otorgue movimientos poco convincentes, fruto del ahorro en fotogramas; por otro, la marioneta de Chang, cuyos insertos a veces rompen la continuidad; y, finalmente, varias sobreimpresiones que en ocasiones resultan visibles por su transparencia.

Lo mejor de la película es, sin duda, la escena del descenso a la sima: un mundo perdido oculto en el interior de una cueva, donde los escorpiones pululan sin cesar, se enfrentan entre sí y comparten el espacio con otras criaturas inquietantes que se vislumbran entre sombras amenazadoras. Ludwig, cineasta de amplia experiencia, rueda el conjunto con el ritmo adecuado para que las escenas de transición no resulten pesadas. El filme adolece de numerosas limitaciones derivadas de su escaso presupuesto, pero sigue siendo una deliciosa cinta de monstruos de serie B que satisfará especialmente a los aficionados a la animación en stop-motion.

 

Anecdotario

  • Título en Argentina: El escorpión negro.
  • Rodada en noviembre de 1956, en Ciudad de México, Distrito Federal, y en el Estadio Universitario de la misma, entre otras localizaciones. El enorme mural que se ve se encuentra en Ciudad Universitaria, el campus principal de la Universidad Nacional Autónoma de México.
  • El volcán que se muestra al principio es el Paricutín, en México, que entró en erupción en 1943 y permaneció activo durante aproximadamente una década.
  • Muchos de los gritos que se escuchan son efectos de sonido de archivo que también se pueden escuchar en muchos seriales de la Republic.

  • Los sonidos de los escorpiones son los mismos que los chirridos de las hormigas en La humanidad en peligro (Them!, Gordon Douglas, 1954). Y hay un momento alucinante donde un escorpión de tamaño natural emite gemiditos.
  • El gusano gigante, así como la araña trampilla que ataca a Juanito, se dice que son trucajes recuperados de la escena de las arañas descartada de King Kong (King Kong, Ernest B. Schoedsack, Merian C. Cooper, 1933), aunque algunos estudiosos lo dudan; Ray Harryhausen refiere que esos adminículos aún estaban en los estudios RKO por esas fechas.
  • Solo se realizaron tres escorpiones para la película, que son los que se ven en un mismo plano siempre.
  • Se pensó inicialmente en Eugène Lourié para la dirección de la película.

  • Mara Corday fue playmate en la revista Playboy cuando ya era famosa, aunque no apareció desnuda.
  • Bob Johnson, que narra el comienzo y hace otras voces en off, también es el locutor de todas las series de televisión de Quinn Martin de los años sesenta y setenta.
  • Mario Navarro (Juanito) volvería a interpretar al niño molesto que mete en problemas al protagonista en Los siete magníficos (Magnificent Seven, John Sturges, 1960).
  • Estrenada en Estados Unidos el 11 de octubre de 1957 y en México el 16 de abril de 1958. En España, salvo error, nunca se ha programado comercialmente.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: **½

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

 

[1] Efectos especiales de Howard y Theodore Lydecker. El pulpo, por cierto, sería el que casi una década después robase Ed Wood junto a su equipo para integrarlo al rodaje de su filme Bride of the Monster [vd/dvd: Bride of the Monster, 1955].

[2] Con él ya había colaborado en El gran gorila (Mighty Joe Young, 1949), y volverían a trabajar juntos en The Giant Behemoth / Behemoth, the Sea Monster [dvd: El monstruo submarino, Eugène Lourié (y Douglas Hickox, sin acreditar), 1959]. Aparte de éstas, Peterson participó en la psicotrónica The Thing with Two Heads (1972), donde colaboró otro maestro de los trucajes simiescos, un primerizo Rick Baker.

[3] Ganador del Oscar por la mejor fotografía en color para La vuelta al mundo en ochenta días (Around the World in Eighty Days, Michael Anderson, [John Farrow], 1956), y nominado por su labor en blanco y negro en Siguiendo mi camino (Going My Way, Leo McCarey, 1944) —su segunda película— y ¡Quiero vivir! (I Want to Live!, Robert Wise, 1958). También hizo la fotografía tenebrosa del noir fantástico Alias Nick Beal (J. Farrow, 1949).

[4] O’Brien y su esposa desarrollaron Emilio and Guloso, sobre un niño mexicano y su toro mascota que salvan su pueblo de un dinosaurio. Precisamente aquí, al principio, se atribuye lo acontecido a una especie de toro gigantesco, una antigua deidad maléfica.