Alicia llega con Carla, su hija de diez años, a una nueva residencia, un caserón amplio y misterioso. Viene dejando atrás un matrimonio difícil mientras todavía está tramitando el divorcio. Pero en esa casa, junto a ellas, habita algo más, una presencia que se irá imponiendo en la vida de ambas.

Dirección: Jacob Santana. Producción: AF Films, Forgotten 2 Entertainment, E-Media Canary Project, Match Point. Productores: Frank Ariza, Manu Vega. Productores ejecutivos: Frank Ariza, Luisa Perzabal, Manu Vega. Guion: Frank Ariza, Diego Ayala, Marco Lagarde. Fotografía: Christos Voudouris. Música: María Vertiz. Montaje: Pablo Gómez Pan. Diseño de producción: Sergio Ardura. FX: Wonder & Rilet (efectos digitales). Intérpretes: Belén Rueda (Alicia), Vera Centenera (Carla), Belén Écija (Paulina), Elena Irureta (Eva), Luisa Merelas (Rosalba), Celia Amante (sirvienta en 1910), Samuel Sánchez García (Ramiro), Santiago Molero (policía)… Nacionalidad y año: España 2026. Duración y datos técnicos: 75 min. color 2.39:1.

 

Hacer cine de terror no es fácil, aunque se trate de uno de los géneros más frecuentados dentro de la industria fílmica de muchos países. En España, durante muchos años, apenas tuvo presencia, salvo ejemplares dispersos y perdidos, como es el caso de El otro (1919), de Juan María Codina y Eduardo Zamacois, considerada la primera cinta del género en nuestro territorio y que hoy día no pervive, o enfocado por medio de parodias, como es el caso La torre de los siete jorobados (1944), de Edgar Neville, o Faustina (1957), de José Luis Sáenz de Heredia. Tras esto, probablemente la primera que podríamos considerar como película de terror genuina es la espléndida coproducción hispano suiza El cebo / Es geschah am hellichten Tag (1958), de Ladislao Vajda.

Fue a inicios de los sesenta cuando el género comenzó a despuntar, con Gritos en la noche / L’horrible docteur Orlof (1962), de Jesús Franco. En 1968 se emprendió la verdadera eclosión del género con La marca del hombre lobo, de Enrique Eguiluz, y con ello dio lugar el nacimiento del llamado «fantaterror», bastante mal considerado por parte de la crítica «seria». El cine de terror español «contemporáneo» apalea a unas miras más trascendentes, por lo general, que busca una aprobación más allá de los fans acérrimos del género. Cintas como Los otros (2001), de Alejandro Amenábar o El orfanato (2007), de Juan Antonio Bayona, son buen ejemplo de ello.

Ahora nos llega El vestido (2026), obra de Jacob Santana, un profesional que se inició como ayudante de dirección, territorio donde aportó labores en obras como Las brujas de Zugarramurdi (2013), de Álex de la Iglesia, u Ocho apellidos vascos (2014), de Emilio Martínez Lázaro. Poco después debutó como director con cortometrajes, videoclips o, sobre todo, series de televisión. Su primer largo cinematográfico fue el thriller de suspense Reversión (2025), protagonizado por Jaime Lorente, Manu Vega y Belén Rueda, y en cuyo guion participaron Frank Ariza, Marco Lagarde y el propio Santana. Ahora, con esta nueva muestra, vuelve a contar con Belén Rueda en el reparto y con Frank Ariza y Manu Vega (este último, recordemos, previo intérprete) en el guion; ambos, además, son los productores, y además actúan como productores ejecutivos junto al director.

Santana ha indicado que le interesa tanto «el cine clásico y el cine como con mucho fondo y muy profundo» al igual que el género de terror, que «se ha convertido en algo que me apasiona»[1]. Supongo que El vestido es un intento de aunar ambas tendencias. El problema es que el resultado no ha logrado conjuntar los dos enfoques, y cabe decir que el filme ofrece unos resultados con una urdimbre muy débil.

Efectivamente, la cinta trata de aparentar ser «una de miedo» al tiempo que lanza ideas de supuesta mayor complejidad. En el primero de los ámbitos, nada más empezar hay un prólogo, ambientado en los años setenta, que se desarrolla muy poco a niveles narrativos, pero que ya define el estilo por el cual la cinta transcurrirá: efectos de sonido atronadores con el fin de que te asustes y sepas que estás en una película de terror. En el área de desarrollar algo de cierta enjundia, tenemos el trasfondo sentimental de la protagonista, que está sufriendo una separación traumática, o ideas como la indefensión de la infancia o, sobre todo, el acoso escolar. Todos estos elementos se desarrollan de una manera algo convencional, en particular el último de ellos, que no puede estar plasmado del modo más tópico posible.

El guion intenta unificar estos dos enfoques en la resolución final, que se plantea en el ya socorrido recurso de brindar un golpe de efecto que sorprenda al espectador. Sin embargo, llegado a ese punto, ya nada importa, dado el desarrollo cansino con que se ha planteado todo. La película no llega a la hora y media de duración y, sin embargo, se hace eterna. Ello es debido a los muchos elementos tópicos que se acumulan, como es esa música machacona que se utiliza para subrayar una y otra vez que estamos ante una película de terror, cuando ello debiera proceder de la creación de una atmósfera, una tensión, algo por completo inexistente.

El filme procura también aportar una fotografía realista, rodando con iluminación natural, como si del Barry Lyndon (Barry Lyndon, 1975) de Stanley Kubrick se tratara. Sin embargo, ello provoca que la película, en su integridad, sea enormemente oscura, inclusive en los planos diurnos de exteriores; en los interiores de la casa, que son la mayoría, en muchísimos momentos no se llega a distinguir lo que sucede. Hay un momento en que se ve una mancha oscura y, de pronto, la música, de nuevo, da un golpe de efecto, sin que sepamos a qué viene; o cuando la niña aparece con un ojo morado no sabemos el motivo de la reacción de la madre, pues nada vemos en el rostro de la criatura hasta pasados varios minutos de metraje.

Los elementos de terror que engalanan la película son los que hemos visto en montones de películas convencionales del género: algo que pasa ante el objetivo de pronto, un movimiento brusco o, sobre todo, la referida recurrencia a los sustos, un elemento que me molesta particularmente, pues trivializa por completo el arte de provocar miedo. Es una lástima tener que resultar tan negativo con una cinta de terror patria, pero no hay otra ante los resultados de este zarrapastroso vestido.

 

Anecdotario

  • Título anglosajón: Evil Dress.
  • El rodaje tuvo lugar en las islas Canarias.
  • Estrenada en España el 13 de febrero de 2026.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: *

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

 

[1] El vestido. Un legado peligroso. | Aux Magazine