El doctor Wilfred Glendon es un experto en botánica que se dirige hasta el Tíbet con el fin de localizar la mariphasa luminam lupina, extraña flor que crece únicamente en ese lugar y bajo el influjo de la luna. Cuando está a punto de conseguir una muestra es atacado por un hombre lobo, que lo deja herido y con el estigma del licántropo. Una vez en Londres, se le presenta el doctor Yogami, aquel que lo contaminó, y le informa que la flor que recogió es la única capaz, no de curar, sino de aletargar durante una noche el mal de luna.

Dirección: Stuart Walker. Producción: Universal Pictures. Productor: Carl Laemmle Jr. Productor delegado: Stanley Bergerman. Productor asociado: Robert Harris. Guion: John Colton, con contribución de Edmund Pearson, sin acreditar, a partir de una historia de Robert Harris, adaptada por Harvey Gates y R. Harris. Fotografía: Charles J. Stumar. Música: Karl Hajos, Heinz Roemheld. Montaje: Russell F. Schoengarth, Milton Carruth. Dirección artística: Albert S. D’Agostino. FX: Jack Pierce (maquillaje), John P. Fulton (efectos visuales), David S. Horsley (ayudante de efectos especiales). Intérpretes: Henry Hull (Dr. Wilfred Glendon), Warner Oland (Dr. Yogami), Valerie Hobson (Lisa Glendon), Lester Matthews (Paul Ames), Lawrence Grant (Sir Thomas Forsythe), Spring Byington (Miss Ettie Coombes), Clark Williams (Hugh Renwick), J. M. Kerrigan (Hawkins), Charlotte Granville (Lady Forsythe), Ethel Griffies (Mrs. Whack), Zeffie Tilbury (Mrs. Moncaster), Jeanne Bartlett (Daisy), Reginald Barlow, Egon Brecher, J. Gunnis Davis, Herbert Evans, Helena Grant, Jeffrey Hassel, Noel Kennedy, George Kirby, Connie Leon, Maude Leslie, William Millman, Edmund Mortimer, Joseph North, Harry Stubbs… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1935. Duración y datos técnicos: 75 min. B/N 1.37:1.

 

Durante la etapa del cine mudo existió un grupo de películas que constituye los inicios de esta temática. Sin embargo, estas cintas ejercieron escasa influencia en el desarrollo de las constantes narrativas y argumentales de sus sucesoras, e incluso la mayor parte de ellas están hoy desaparecidas.

Cabría considerar, pues, El lobo humano la primera película de licántropos con determinado peso. El proyecto provenía de 1932 cuando, con el título de The Wolf Man, la Universal lo ofreció como vehículo para Boris Karloff, habiendo de ser desarrollado por Robert Florey[1] (Doble asesinato en la calle Morgue) y dirigido por Erle C. Kenton (La isla de las almas perdidas). Sin embargo, Karloff rechazó el papel ―y nunca más se le presentaría la oportunidad de encarnar a un hombre lobo―, y el boceto fue rescatado dos años después, esta vez con Kurt Neumann (La mosca) en la dirección y Henry Hull y Bela Lugosi como intérpretes. No obstante, en los paulatinos desarrollos el director sería eliminado de los planes, siendo reemplazado por Stuart Walker, realizador de gran prestigio por aquel entonces[2], y con Bela Lugosi sustituido por el actor de origen sueco Warner Oland[3].

Algunos fundamentos temáticos con respecto a la licantropía aún no quedan establecidos, y la presente cinta podría decirse que es una variación de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, la novela de Robert Louis Stevenson: así, en cierto momento de la cinta el doctor Yogami (Warner Oland) reflexionará: “El hombre lobo libera la peor parte de hombre y de lobo”.

La película presenta al doctor Wilfred Glendon (Henry Hull), experto en botánica que se dirige hasta el Tíbet con el fin de localizar la mariphasa luminam lupina, extraña flor que crece únicamente en ese lugar y bajo el influjo de la luna. Cuando está a punto de conseguir una muestra es atacado por un hombre lobo, que lo deja herido y con el estigma del licántropo. Una vez en Londres, se le presenta el doctor Yogami, aquel que lo contaminó, y le informa que la flor que recogió es la única capaz, no de curar, sino de aletargar durante una noche el mal de luna.

Se trata de un curioso y singular film que, como dijimos, parte de previas influencias que originan nuevos rumbos, convirtiendo el mito stevensoniano en una manifestación de la parte animal que todos llevamos dentro: durante una fiesta que ofrece Glendon todo el mundo admira la colección botánica que exhibe, y que en su mayor parte está compuesta por plantas carnívoras; un personaje apuntará la concordia que aquí se establece entre el reino vegetal y el animal, subrayando de ese modo la dualidad que acontece también en el ser humano. De igual modo resulta desusado columbrar cómo, en unión a ese mito, se exhiben otros elementos en ocasiones paralelos en su temática sobrenatural, como el hecho de que el valle tibetano esté habitado por demonios invisibles, u otros elementos ya directamente contrarios a ese aura ultraterreno, y que conducen al film hacia el género de la ciencia ficción, como es esa máquina que el doctor Glendon desarrolla, y que emula la luz lunar, o un sofisticado circuito cerrado de televisión. Si bien el film parece desarrollarse en la época contemporánea a su rodaje ―aparece, por ejemplo, un automóvil de 1933 modelo Alvis Speed 20―, se formulan no pocos rudimentos desfasados, desde el vestuario anticuado de los personajes, de aspecto eduardiano, a las antiparras de las que se sirve Glendon, acentuando aún más esas peculiares disparidades.

Con respecto a la definición de las constantes licantrópicas, como decíamos, aún se bosquejan orientaciones idiosincráticas, así, tras la conversión, el personaje todavía retiene bastantes componentes humanos: después de la primera transformación, el hombre lobo sale de su residencia, no sin antes proveerse de una bufanda y una gorrita, que hace frío; cuando va a atacar a su prometida forcejea con una puerta acristalada, en lugar de embestir directamente contra ella (nos referimos a la puerta, no a la prometida); al final, inclusive desgranará algunas palabras, mientras aún ofrece la apariencia de bestia. El excelente maquillaje, debido a Jack Pierce, brinda pocos elementos sobre el rostro del actor, Henry Hull, entonces una estrella que demandó que pudiera ser reconocido por los espectadores[4] ―y que ofrece cierto parecido con el que, sesenta años después, exhibirá Jack Nicholson en la tonta Lobo―. Míticas son hoy día las secuencias de transformación, en especial la primera, la cual, mientras Hull va caminando y pasando por detrás de varias columnas, muestra el proceso de mutación por medio de los brillantes efectos visuales desarrollados por John P. Fulton.

Se trata, pues, de un excelente “inicio” del mito, no radiante, desde luego, cuya mayor virtud estriba en un notable trabajo estético, tanto en su fotografía, debida a Charles Stumar, como a la labor de maquillaje de Pierce, y por las interpretaciones de Hull y Oland ―los dos licántropos del film, con caracterizaciones diferentes ambos―, y que en momento alguno buscan la fácil simpatía del espectador: el uno es un científico en exceso volcado a su labor (“Cuando termine este experimento intentaré ser más humano”, comentario que su esposa acoge con escepticismo), el otro un buen hombre que, acosado por la maldición, no dudará en infringir la ley pese a todo ―distintos análisis cinematográficos catalogan al doctor Yogami como el malvado de la historia, lo cual no es en absoluto―. Con todo, ofrece un handicap como supone el elemento humorístico introducido (acaso aspirando perpetuar la estela de James Whale con Una O’Connor) por medio de las dos caseras cockneys[5] y borrachinas.

 

Anécdotas

  • Título alternativo: Unholy Hour.
  • Uno de los ayudantes de dirección fue el posterior realizador Phil Karlson.
  • Rodada con un presupuesto estimado de 195.393 dólares.
  • Filmada entre el 28 de enero y el 23 de febrero de 1935, en los estudios Universal, así como en Vasquez Rocks Natural Area Park – 10700 W. Escondido Canyon Rd., Agua Dulce, California.
  • Esta película dio origen a gran parte de la mitología del hombre lobo. Los conceptos de que ser mordido por un hombre lobo le convierte a uno en licántropo, que un hombre lobo cambia bajo la luna llena y que los hombres lobo son híbridos de lobo y hombre surgen aquí.
  • El aullido de hombre lobo utilizado en esta película es una combinación de la propia voz de Henry Hull y una grabación de un lobo real.
  • El plano del gatito bufando se repitió en La mansión de Drácula (House of Dracula, Erle C. Kenton, 1945).
  • Estrenada en Estados Unidos el 13 de mayo de 1935. En España se estrenó el 28 de octubre de 1935 en Madrid, y el 9 de diciembre de 1935, en Barcelona, en el cine Capitol.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: ***½

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

[1] La sugestiva idea base de Florey trataba sobre el doctor Garnier, un hombre lobo de cuatrocientos años de edad, que se convierte en monstruo las noches de luna llena. En sucesivas reescrituras aparecerá incluso el mito de Jack el Destripador, hasta el resultado que conocemos.

[2] Stuart Walker (1887-1941), proveniente del teatro, debutó en el cine con La llamada secreta (The Secret Call, 1931), y en unos escasos cinco años desarrolló toda su carrera, retirándose en 1935 con Her Excellency the Governor. Sus films de mayor reputación son el melodrama sobre la Primera Guerra Mundial El águila y el halcón (The Eagle and the Hawk, 1933) ―gran parte del metraje, con todo, fue rodado por Mitchell Leisen― y las adaptaciones dickensianas Grandes ilusiones (Great Expectations, 1934) y El misterio de Edwin Drood (The Mystery of Edwin Drood, 1935).

[3] Parece ser que Lugosi estaba ocupado rodando La marca del vampiro (Mark of the Vampire, Todd Browning, 1935).

[4] Si bien está documentado de que Henry Hull se opuso al diseño de maquillaje original de Jack P. Pierce para el hombre lobo, a los productores también les preocupaba que los efectos de maquillaje de Pierce traspasaran los límites de la censura en los Estados Unidos. Los productores le pidieron a Pierce que atenuara las cualidades zoomorfas de la transformación del hombre lobo y le pidieron que hiciera que el hombre lobo pareciera de naturaleza más humana para obtener la aprobación de la junta de censura. El primer diseño de Pierce para la criatura se pondría en práctica más tarde en El hombre lobo (1941).

[5] Londinenses de la clase popular.