Maíz tratado con esteroides provoca que las ratas adquieran el tamaño de un perro y comiencen a atacar a los habitantes de una ciudad. Una agente del Departamento de Salud se irá encontrando de modo paulatino pistas que le conducen hacia esa conclusión.

Dirección: Robert Clouse. Producción: Golden Harvest Company, Filmtrust Productions, Northshore Investments Ltd., J.G. Arnold & Associates. Productores: Jeff Schechtman, Paul Kahnert. Co-productor: Charles H. Eglee. Productores delegados: J. Gordon Arnold, Andre Morgan. Guion: Charles H. Eglee, según el guion de Lonon F. Smith, basado en la novela The Rats de James Herbert. Fotografía: René Verzier. Música: Anthony Guefen. Montaje: Ron Wisman. FX: Allan A. Apone, Makeup & Effects Laboratories. Intérpretes: Sam Groom (Paul Harris), Sara Botsford (Kelly Leonard), Scatman Crothers (George Faskins), Cec Linder (Dr. Louis Spencer), Lisa Langlois (Trudy), Lesleh Donaldson (Martha), James B. Douglas (Mel Dederick), Lee-Max Walton, Joseph Kelly, Kevin Foxx, Jon Wise, Wendy Bushell, Charles Jolliffe, Dora Dainton, Michael Fawkes, Michael McManus… Nacionalidad y año: Canadá 1982. Duración y datos técnicos: 84 min. color 1.85:1.

   

James Herbert es un escritor británico de novelas de terror y ciencia ficción. No he leído la presente, pero después de intentarlo con unas cuantas he optado por dejarlo de lado, al tratarse del típico autor de best sellers sin estilo y convencional. Robert Clouse, por su parte, fue un director efectivo, especialista sobre todo en cine de acción; una de sus primeras películas es una sólida cinta de cine negro, Más oscuro que el ámbar (Darker Than Amber, 1970), con Rod Taylor como el detective Travis McGee creado por John D. MacDonald, y su película de ciencia ficción Nueva York, año 2012 (The Ultimate Warrior, 1975), protagonizada por Yul Brynner reemplazando al fallecido Bruce Lee, no es nada desdeñable.

Fieras radiactivas (Deadly Eyes, 1982) es un film de serie B (basado en una novela ambientada en Londres, rodado en Toronto y pretendiendo hacerlo pasar como una ciudad estadounidense) sobre la temática de las ratas gigantes, que incorpora bastantes elementos del melodrama más barato, pero que Clouse logra conducir con cierta habilidad, dentro de las limitaciones del conjunto. Tenemos, así, a un profesor de instituto, que tiene una alumna que quiere ventilárselo, pero él hace oídos sordos a su llamada; primero ella aparece mientras él está en las duchas del centro escolar, y después se la encuentra en su propio apartamento, en la cama, con unas braguitas muy sugerentes, pero el tío ni por esas. En ese momento aparece su novia: “Espera, deja que te explique, no es lo que te imaginas…”. La alumna tiene también un grupo de amigos, con los cuales se articula otra sub-trama sin excesivo interés, aunque aparenta que en la novela todos esos personajes estaban más desarrollados.

Mayor interés detenta la relación del profesor con la empleada de Salud Pública, quien además conduce toda la trama referente a las ratas gigantes. En un muelle hay una gran carga de grano de maíz tratado con esteroides, lo cual produce, no que las ratas se pongan cachas, sino que las hace crecer hasta el tamaño de un perro mediano. Cuando la empleada hace destruir la partida (desconocedora, por supuesto, de la presencia de los roedores), las ratas buscan refugio en las alcantarillas, y a partir de ahí iniciarán el ataque (muy reposado, desde luego) sobre la población de la ciudad. El momento cumbre se monta en dos escenas paralelas, una durante la inauguración de una nueva línea de metro, a la cual asiste el cretino del alcalde –en un personaje copiado por enésima vez del de la espléndida Tiburón (Jaws, 1975), de Steven Spielberg–, y donde, por supuesto, las ratas harán acto de presencia, así como en un cine donde están proyectando Juego con la muerte (Game of Death, 1978), rindiendo así homenaje Robert Clouse a sí mismo y a su amigo Bruce Lee, a quien ya había dirigido en la mítica Operación Dragón (Enter the Dragon, 1973).

La película, de algo menos de hora y media de duración, al menos no aburre y resulta muy entretenida, inclusive durante las tonterías de la adolescente calentorra, que no puede sino provocar la carcajada (en cuanto el profe, al fin, le deja bien claro que pasa de ella, irá a consolarse con el novio al que había despreciado). Clouse consigue sacar buen partido a la atmósfera fría de Toronto, y las escenas con las ratas son emocionantes. Los animales se ofrecen mezclando tomas auténticas de los roedores deambulando por maquetas reducidas, planos reales con perspectiva forzada y primeros planos de primitivos animatronics, algo mal diseñados, pero lo cual les confiere una gran fealdad y, por tanto, cierta efectividad.

 

Anécdotas

Títulos alternativos: Night Eyes / The Rats.

Título en México: Las ratas asesinas.

Algunos planos se rodaron con perros disfrazados de ratas. Tenían dificultades para ver a través de la máscara, así pues en lugares estratégicos se colocó sangre y/o carne, para que se guiasen por el olfato. Se utilizaron treinta y cinco perros salchicha y cinco terriers. Uno de los perros salchicha murió durante el rodaje, posiblemente sofocado por el disfraz.

Producida con un presupuesto estimado de un millón y medio de dólares canadienses.

Otras adaptaciones de novelas de James Herbert: El superviviente (The Survivor, 1981), de David Hemmings [según El superviviente (The Survivor; 1976)]; Fluke (Fluke, 1995), de Carlo Carlei [según Chamba/Aullidos (Fluke; 1977)]; Haunted (1995), de Lewis Gilbert [según Hechizo (Haunted; 1988)].

Estrenada en Canadá el 23 de octubre de 1982. En España se estrenó el 11 de noviembre de 1985 en el cine Madrid, de Madrid

 

Bibliografía

HERBERT, James: La invasión de las ratas; traducción por Miguel Torres. Barcelona: Planeta, 1975. Colección: Infinito; nº 132. T.O.: The Rats (1974).

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: *½

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