En una isla dentro de un lago una compañía petrolera está haciendo prospecciones ilegales. Llega a una fuente de agua subterránea y la vierte al lago, liberando con ello a un megalodón. Diversas personas que confluyen en la laguna se topan con el monstruo.

Dirección: Brett Kelly. Producción: Brett Kelly Entertainment, Dudez Productions, Tom Cat Films. Productora: Anne-Marie Frigon. Guion: David A. Lloyd, según argumento de Brett Kelly, con diálogos adicionales de B. Kelly y Trevor Payer. Fotografía: Amber Peters. Música: Christopher Nickel. FX: Tony Masiello (efectos visuales), Nicole Thompson (muñeco del tiburón). Intérpretes: Emanuelle Carriere (Jill), Christine Emes (Tia), Celine Filion (Kristen), Angela Parent (Barb), Duncan Milloy (Rich), Phil Dukarsky (Doug), Kyle Martellacci (Mike), Joshua Gilbert Crosby (Jack), Kevin Preece (Jerry), Jurgen Vollrath (Dr. Lincoln Grant), Sarah Mosher (Tiffany), Kala Gray (Brittany), Sherry Thurig (científica), Jody Haucke (presidente), Darren Stevens (pescador 1º), Ian Quick (pescador 2º), Kimberly Wolfe (chica de las cervezas). Nacionalidad y año: Canadá 2012. Duración y datos técnicos: 79 min. color 1.78:1.

Jurassic Shark (2012) comienza con unos rótulos indicando datos acerca del megalodón o megadolonte. Sin embargo, no revela que vivió durante el periodo Cenozoico (de inicios del Mioceno hasta el final del Plioceno), por lo cual el título es por completo erróneo, al considerarlo “jurásico” ―sin duda, para vincularlo con la saga de Spielberg―. Bueno, tampoco es que eso importe mucho, dado que el tiburón apenas tiene incidencia dramática en la película.

Tenemos esa compañía petrolera que hace excavaciones ilegales y que libera el monstruo en un lago. Después aparecen dos grupos de personas: por un lado, tres chicas y un chico; una de ellas pretende hacer un reportaje en vídeo sobre las actividades de la petrolera, el chico va por ella, y las otras dos solo procuran divertirse. El otro grupo lo forman unos traficantes de arte, que han robado el cuadro Watson and the Shark de John Singleton Copley, en un apabullante toque de erudición, y equipo que está formado por una mujer y tres hombres. Los objetivos profesionales del primer conjunto, en realidad, suponen una mera excusa para que la periodista comente a sus compañeros las acciones de la petrolera y, de esa manera, informar al espectador. Serán después víctimas del segundo grupo: el cuadro ha caído al agua cuando les atacó el tiburón, y la jefa de la banda, una tal Barb, trata de recuperarlo a toda costa, haciendo uso de las chicas.

Y el resto de la trama transcurre con los dos equipos enfrentados y vagando por la isla. De vez en cuando, el tiburón asoma y se zampa a alguno que está demasiado cerca del agua. El genio que ha perpetrado esta maravilla es el director Brett Kelly, un canadiense responsable de veinticinco películas en formato cine y otras once en formato cine, desde que arrancó con Planet Blood en 2001. En ese lapso de tiempo ha hecho filmes de acción, ciencia ficción y terror, efectuando imitaciones de Batman, de Thor, de James Bond, de pelis de dinosaurios, de piratas o de zombis. El oportunismo es su seña de identidad. Otro genio es el guionista, David A. Lloyd, este con una carrera más breve, aunque ha insistido con los tiburones: Raiders of the Lost Shark (2015) y Ouija Shark (2020), también dirigidas por Kelly ―quien en ocasiones ha utilizado el seudónimo de Scott Patrick―. Discernir cuál de los dos efectúa una labor más lastimosa resulta muy difícil de calibrar: al indigente y cansino libreto se suma una realización pedestre, que como recurso estilístico recurre al ralentí sin justificación dramática y unos absurdos destellos blancos para saltar de plano en plano en diversas ocasiones.

El tiburón de marras dicen que es un megalodón, pero está diseñado como un escualo normal y corriente, solo que más grandote. Los efectos son pésimos, y muchas veces se recurre a un primer plano de un personaje mirando horrorizado para informar que el bicho se ha zampado a uno de los compañeros. En todo caso, cuando ataca, o bien el director recurre a agitar la cámara, para dar a entender que algo pasa, o se mete un inserto por CGI de calidad pésima; esto último en escasas ocasiones, y es que el megalodón apenas es entrevisto a lo largo del metraje. A ello se suma un plantel de actores que parece haber sido escogido media hora antes en la cola de un mercado. Las interpretaciones son horrendas, desastrosas, y resulta también difícil decidir quién es el peor de todos: acaso el que hace de presidente de la compañía petrolera, que sale solo un par de minutos, aunque eso no resulta un aliciente en vista de los demás.

Para mayor pitorreo, este engendro dura, en la práctica, solo una hora, y el resto son unos larguísimos títulos de crédito finales para rellenar, citando a los excelsos actores dos veces (tres, considerando también los créditos iniciales). La desvergüenza de este subproducto llega a límites alarmantes, y ni siquiera se puede recurrir a la excusa de que no pretende ser una obra artística, sino solo entretener, puesto que ni ese objetivo logra. Esta sí: una de las peores películas de la historia. Palabra de honor.

 

Anécdotas

  • Título alternativo: Attack of the Jurassic Shark.
  • En julio de 2015 esta película poseía la puntuación más baja en la base de datos imdb. Después ha sido superada por otras joyas.
  • Editada directamente en DVD en países como Reino Unido, Alemania, Japón o Francia. En la India o Suecia parece que se estrenó en cines. En Canadá no tenemos constancia del tipo de estreno que tuvo.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: •

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra