El antropólogo Waldemar Daninsky es invitado a participar en una expedición al Tíbet, con el fin de encontrar al yeti. En el camino se encontrarán con bandidos, mujeres bestia que convierten a Daninsky en un hombre lobo, una hechicera malvada… y al propio yeti.

Dirección: Miguel Iglesias [acreditado como M. I. Bonns]. Producción: Profilmes. Productor: José Antonio Pérez Giner. Guion: Jacinto Molina. Fotografía: Tomàs Pladevall. Música: CAM España. Montaje: Carmen Fábregas. Decorados: Alfonso de Lucas. FX: Manolita G. Fraile, Adolfo Ponte (maquillaje), Alfredo Segoviano (efectos especiales). Intérpretes: Jacinto Molina [acreditado como Paul Naschy] (Waldemar Daninsky), Mercedes Molina [acreditada como Grace Mills] (Sylvia Lacombe), Silvia Solar (Wandesa), Gil Vidal (Larry Talbot), Luis Induni (Sekkar Khan), Josep Castillo Escalona (profesor Lacombe), Ventura Oller (Ralph), Verónica Miriel (Melody), Juan Velilla (Norman), Carmen Cervera, Pepa Ferrer (Yanika), José Luis Chinchilla (Temugin), Fernando Ulloa (lama), Juan Ollé, Ana María Mauri (princesa Ulka), ‘Indio’ González (Tigre), Víctor Israel (Joel), Eduardo Alcázar, Salomón, Marta Avilés (prisionera de negro), Beatriz Barón (prisionera)… Nacionalidad y año: España 1975. Duración y datos técnicos: 94/87 min. color 1.85:1.

 

Solo dos años después de El retorno de Walpurgis / Noche del asesino (Carlos Aured, 1973), Waldemar Daninsky regresó con La maldición de la bestia, producción Profilmes a mayor honor de «su artista exclusivo», Paul Naschy, como anuncian los rótulos iniciales. No cabe duda del estatus de estrella, dentro de nuestra depauperada industria, del que gozaba por aquel entonces Jacinto Molina, y que se confirmaría con el premio a la mejor interpretación masculina en el Festival de Sitges de aquel año.

En esta ocasión, Waldemar Daninsky es un «antropólogo y psicólogo eminente, que conoce el Tíbet y habla el nepalí», tal como lo define el profesor Lacombe, quien le invita a participar en una expedición científica con el fin de descubrir al yeti. Sin embargo, los problemas comienzan cuando el mal tiempo se adelanta y cometen el error de confiar en un guía experimentado pero alcohólico (el entrañable Víctor Israel), que provocará la pérdida por aquellas regiones de nuestro protagonista, quien irá a parar a una cueva habitada por dos mujeres bestia adoradoras del dios Moloch, siendo mordido por una de ellas y convertido en hombre lobo. Mientras, la expedición ha sido exterminada y el profesor Lacombe capturado, logrando huir su hija Sylvia, quien va a topar con Waldemar cuando éste ataca, convertido en bestia, a unos bandoleros. Recalan en un monasterio donde un sacerdote informa a Daninsky que la cura de su mal estriba en los pétalos rojos de una flor de las altas cumbres, mezclados con la sangre de una muchacha. Se llegarán al cubil de los bandoleros, liderados por Sekkar Khan, si bien éste es solo un títere de la maligna Wandessa, pérfida hechicera que busca su único beneficio.

La película goza de pésima fama, si bien a uno se le antoja de los mejores títulos de la saga, de un talante similar al de Dr. Jekyll y el hombre lobo (León Klimovsky, 1972), deparando un gozoso pastiche, que conecta este film, más de aventuras fantásticas que de terror, con los relatos pulp de escritores como Robert E. Howard o Sax Rohmer. El film contiene defectos, desde luego, que no son otros que los de siempre en estas producciones: un presupuesto endeble, unos actores desacostumbrados a otros papeles que no fueran los de las sempiternas comedietas al uso ―salvo los clásicos secundarios provenientes de los spaghetti-western de los sesenta, quienes merecen una urgente reivindicación―, una música atroz proveniente de los archivos de CAM España y una realización subrayada en el abuso del zoom y la economía narrativa en la planificación por parte de Miguel Iglesias. De todas maneras, ese impedimento, de carácter monetario, no evita que Iglesias aporte un gran vigor a la narración, consecuencia del hecho de que desde los cincuenta llevara rodando gran cantidad de cine de género, en particular policial.

Con todo, el vigoroso y simpático guion de Jacinto Molina ofrece una sucesión (que no acumulación) de situaciones que derivan en el desenvolvimiento de las constantes de la referida literatura pulp, con bandidos tibetanos, hechiceras, el abominable hombre de las nieves y demás elementos ya citados. Cabe resaltar, por encima de todo, la excelente fotografía de Tomás Pladevall, que destaca de forma favorable tanto la escena del santuario del dios Moloch, como la de la muerte de la pérfida Wandessa. Así, en la primera de las escenas referidas, se hace uso de una iluminación a base de abruptos rojos, verdes y azules, que semejan a una producción Hammer; conviene resaltar aquí el momento en el cual Waldemar es mordido por la mujer bestia: una vez abate a ésta, el hombre siente la influencia de la maldición en su sangre, y en ese instante la iluminación se altera, deviniendo realista: la constatación de un hecho sobrenatural lo convierte en cotidiano.

La escena de la muerte de Wandessa, quien es sorprendida por las víctimas de sus torturas en su laboratorio pletórico de retortas y matraces colmados de líquidos polícromos, presenta una venganza con las muchachas asiendo con fuerza a la mujer, mientras otra hiere una y otra vez a la hechicera con un sable ―presumiblemente, amputando sus genitales―, para acabar con un excelente plano en picado de la mujer muerta, vistiendo un traje rojo, y la sangre deslizándose por sus piernas. No conviene olvidar tampoco la impresionante escena de tortura, con una muchacha a la cual le es arrancada la piel de la espalda, y un atractivo plano de composición con todas las chicas ligadas a postes en cruz, donde, una vez más, resalta la excelente iluminación.

En medio de todo ello, el hombre lobo tiene escasa aparición dentro de la trama, pues en el parvo metraje, como vimos, se acumulan un sinfín de elementos, si bien no se antoja desnivelada la incorporación del mismo. Los encadenados de transformación no resultan demasiado convincentes, pero el efecto final se muestra bastante sólido. Con todo, el maquillaje de yeti se aprecia insuficiente, de ahí que la escena final ofrezca una iluminación muy tenue para enmascarar las deficiencias.

Por último, cabe destacar dos elementos: uno, la presentación de un personaje de nombre Larry Talbot, pero que no sufrirá transformación alguna. Y antes de citar el segundo, conviene advertir al lector no interesado en conocer el final del film que no siga leyendo, pues la película acaba, por única vez en la saga de Waldemar Daninsky, con un happy end: Waldemar se cura de su maldición y con la muchacha se dirige hacia el esperanzador horizonte.

 

Anécdotas

  • Títulos anglosajones: Night of the Howling Beast / Hall of the Mountain King / The Werewolf and the Yeti / Horror of the Werewolf / The Curse of the Beast.
  • Paul Naschy fue premiado como mejor actor en la edición del año 1975 del Festival de Cine Fantástico de Sitges.
  • La voz de Jacinto Molina está doblada por Arsenio Corsellas.
  • En 1983 la película fue prohibida en el Reino Unido, sin duda debido a las diversas escenas de torturas.
  • Última película del género producida por Profilmes.
  • Siguiente película de la saga de Waldemar Daninsky: El retorno del hombre lobo (Jacinto Molina, 1981).
  • Estrenada en España el 9 de enero de 1975, en Madrid.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: ***

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra