Pescando durante unas vacaciones, el doctor Martin se topa con una sirena. Esta rápidamente se encapricha de él y decide acompañarlo a Londres. Martin la presenta como una paciente paralítica, con las piernas siempre tapadas, y pronto Miranda, que ese es el nombre de la sirena, provoca una pequeña conmoción en el nuevo entorno donde se ubica.

Dirección: Ken Annakin. Producción: Sydney Box Productions para Gainsborough Pictures. Productora: Betty E. Box. Productor asociado: Roy Rich. Guion: Peter Blackmore, con diálogos adicionales de Denis Waldock, basado en la obra teatral de P. Blackmore. Fotografía: Ray Elton, Bryan Langley. Música: Temple Abady. Montaje: Gordon Hales. Dirección artística: George Paterson. FX: Dunlop Ltd. (cola de la sirena). Intérpretes: Glynis Johns (Miranda Trewella), Googie Withers (Clare Martin), Griffith Jones (Dr. Paul Martin), John McCallum (Nigel Hood), Margaret Rutherford (enfermera Carey), David Tomlinson (Charles), Yvonne Owen (Betty), Sonia Holm (Isobel), Brian Oulton (Manell), Zena Marshall (secretaria), Lyn Evans (propietario de la posada), Stringer Davis (encargado del museo), Hal Osmond (encargado de la estación), Maurice Denham (vendedor de berberechos), Gerald Campion, Howard Douglas, Anthony Drake, Joan Ingram, Tonie MacMillan, Charles Paton, Charles Penrose, Philip Ray, Thelma Rea, Charles Rolfe, Jean Sablon, Frank Webster… Nacionalidad y año: Reino Unido 1948. Duración y datos técnicos: 77 min. B/N 1.37:1.

La sirena es una criatura acuática del folklore de diversos países, que por lo general suele representarse como una mujer hermosa con la mitad inferior con cola de pescado. Esa iconografía viene impuesta por la popularidad del cuento “La sirenita” (“Den lille havfrue”, 1836), de Hans Christian Andersen), si bien dentro de la mitología griega se representaban como mitad pájaro, y se le adjudicaban comportamientos negativos, como en el famoso episodio de La odisea (Odýsseia) de Homero, donde Odiseo debe sufrir el canto de las sirenas atado al mástil del barco, mientras sus marinos se tapan los oídos con cera. Desde que en 1904 Georges Méliès dirigió el corto La sirène, en el cine este personaje ha sido una presencia común, siendo acaso la película más interesante al respecto Night Tide [tv/dvd: Marea nocturna, Curtis Harrington, 1961].

El autor teatral Peter Blackmore escribió la obra teatral Miranda: A Comedy in Three Acts (1948), según refiere inspirado tras leer un artículo científico sobre sirenas, aunque diversas fuentes apuntan al parecido que tiene con la novela La dama del mar (The Sea Lady, 1902) de H. G. Wells, y ciertamente la base de la sirena que busca relación con un hombre, sin importarle que esté comprometido, está ahí. La obra tuvo un enorme éxito, representándose en Londres con protagonismo de Genine Graham, en Nueva York con Diana Lynn y en España, donde adoptó el título de Marea baja con traducción de Conchita Montes, quien también la interpretó, se vio en el teatro Español de Madrid en diciembre de 1947, también con gran éxito.

En las pantallas de todo el mundo triunfaba la comedia norteamericana Domador de sirenas (Mr. Peabody and the Mermaid, Irving Pichel, 1948), precisamente sobre la curiosa relación entre un hombre casado con una sirena, y basada en la novela Domador de sirenas (Peabody’s Mermaid, 1945) escrita por el matrimonio Guy y Constance Jones. En vista de eso, con rapidez entró en marcha esta producción con el fin de batirla en taquilla, y consiguió un gran éxito el año de su estreno, siendo uno de los filmes británicos con mayor recaudación en su país.

Vista hoy día la película, ciertamente sorprende por su enorme picardía, con continuas referencias sexuales que, no por sutiles, quedan menos evidentes. Así, en un momento determinado, mientras Miranda y Clare, la esposa de Martin, están hablando, él toma a la sirena en brazos y le dice: “Vamos a la cama”, a lo cual ella le responde: “¿No le molestará a tu mujer?”. Por supuesto, todo ello es debido a la enorme ingenuidad de la sirena y a su desconocimiento de las convenciones sociales de los humanos, lo cual da origen a muchos de los gags de la película. Además, Miranda siente una gran debilidad hacia los hombres, a los cuales encuentra guapos a todos, debido a que los machos de su especie son todos feos, con ojos pequeñitos, “motivo por el cual nos estamos extinguiendo”.

Miranda es una comedia de enredo donde la presencia de una mujer (tenga cola o no) viene a turbar la existencia de un entorno, alterando las hormonas de todos los hombres. Así, la sirena se inmiscuirá en las parejas que forman el doctor Paul Martin y Clare, la del vecino Nigel con su prometida, y hasta el chófer de los Martin, comprometido con la doncella. Es curioso que quienes más caigan en sus redes sean los que aún no están casados, que se vuelven locos por ella, rompen su relación y planean pedir matrimonio a Miranda. Los Martin, por su parte, son quienes mejor controlan la situación: Paul presta innúmeras atenciones a la sirena, y hasta se le escapa algún beso, pero siempre sabe mantener las distancias; Clare, por su parte, es la persona más inteligente de todo el cotarro, y sabe hilar bien las relaciones entre unos y otros, tomando el control.

Miranda, por su parte, parece estar en constante estado de celo, flirteando con todos los hombres, aunque realmente sin ninguna intención seria. Por supuesto, todo ello es debido, una vez más, a su desconocimiento de las costumbres humanas. Ella ofrece una temperatura corporal más fría de lo normal, sin embargo será, en muchos sentidos, la más caliente de todos. Los hombres, por su parte, dan prueba de la característica flema británica, manteniendo las composturas en teoría, pero sucumbiendo al fin. De esta manera, por medio de una comedia simpática y trivial, diríase, se realiza una meditación sobre esa clásica moral británica, de mantener siempre las apariencias, pero que en cuanto se ven desvinculados de sus ataduras dan rienda suelta a los instintos.

El film se ve además agraciado por la presencia de la veterana Margaret Rutherford en el papel de la enfermera Carey, a quien Martin contrata para cuidar de la “enferma” Miranda, y que ofrece uno de sus característicos papeles de anciana extravagante, siendo su cometido en cierta manera una especie de reflejo de otra comedia fantástica que derribaba las convenciones matrimoniales, Un espíritu burlón (Blithe Spirit, David Lean, 1945), ésta basada en una obra teatral de Noël Coward. Añadamos también la presencia, como el chófer de la casa, de David Tomlinson, posterior estrella de muchas producciones fantásticas Disney.

Dirige la película Ken Annakin (1914-2009), quien comenzó rodando diversos cortos y debutó en el campo del largo con la comedia Holiday Camp (1947), a la que siguió la presente, y quien con el tiempo se acabaría convirtiendo en uno de los nombres más importantes de la cinematografía británica, trabajando en Estados Unidos para la Disney y siendo el responsable de los aportes ingleses de la superproducción El día más largo (The Longest Day, 1962)[1]. Aquí domina bastante bien el material de origen teatral, gracias también a la buena adaptación que perpetra el propio autor, “aireando” bien el texto, dividiendo los planos con insertos y confiriéndole un buen ritmo. La fuerza de la película, por supuesto, está en los diálogos, servidos por un excelente reparto. Annakin ofrece momentos de gran belleza en el interior de la cueva donde habita Miranda, donde los reflejos del agua originan efectos en las paredes de roca, efecto que remeda cuando ella utiliza la bañera de la casa para recrear su hogar. El resultado es una comedia deliciosa, chispeante y agradable, que analiza con picardía ciertas convenciones matrimoniales británicas. La posterior y famosa película Disney, Un, dos, tres… Splash (Splash, Ron Howard, 1984), por cierto, ofrece no pocas concomitancias con la presente.

 

Anécdotas

  • Título en Argentina: Amores de sirena.
  • La película la comenzó rodando Michael C. Chorlton, pero durante la filmación fue reemplazado por Ken Annakin. Chorlton fue un montador, que dirigiría una sola película, Late at Night (1946), de temática criminal, y sería responsable de los planos alpinos de Broken Journey (1948), de Ken Annakin también.
  • Glynis Johns y David Tomlinson aparecieron de nuevo juntos en Mary Poppins (Mary Poppins, Robert Stevenson, 1964), ahí como el matrimonio protagonista.
  • Al final de la película, en lugar de aparecer el rótulo THE END, lo que se ve es la palabra FIN, en español.
  • En las tomas submarinas Glynis Johns fue doblada por Joan Hebden.
  • La canción de los créditos iniciales, “Miranda”, es interpretada por Jean Sablon, con música de Peter Hart, letra de Jack Fishman y arreglos de Paul Baron.
  • Rodada con un presupuesto estimado de 170.000 libras; hacia diciembre de 1949 había logrado una taquilla de 181.300 libras.
  • Secuela: Loca por los hombres (Mad About Men, Ralph Thomas, 1954).
  • Otras versiones de la obra teatral:

Miranda (1949) [RU, telefilm]. En esta David Tomlinson asume el papel de Paul Marten.

Gran teatro: “Marea baja” (1961) [España, episodio serie TV].

Miranda (Gerd Rösler, 1966) [Alemania, telefilm].

Estudio 1: “Marea baja” (Gabriel Ibáñez, 1971) [España, episodio serie TV].

  • Estrenada en el Reino Unido el 24 de mayo de 1948. En España se estrenó el jueves 8 de marzo de 1951, en Madrid en el cine Rex, y el viernes 7 de agosto de 1953, en Barcelona, en versión original sin subtítulos, y en programa doble con el film alemán ¿Aún no conoce Vd. a Korff? (Nanu, Sie kennen Korff noch nicht?, Fritz Holl, 1938), ese en versión original subtitulada.

 

Bibliografía

Marea baja: Comedia en tres actos; por Peter Blackmore; adaptación de Conchita Montes. Madrid: Alfil, 1952. Colección: Teatro; nº 52.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: ***

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

 

[1] Producción de Darryl F. Zanuck sobre el Día-D, aparte de Annakin, Andrew Marton se ocupó de las escenas norteamericanas, Bernhard Wicki de las alemanas y Gerd Oswald de las francesas, y el propio Zanuck de algunos planos interiores.