Por David Aparicio Sánchez

Stolen Identity (1953)

Tony Sponer trabaja como taxista sin licencia. Vive en un constante estado de ansiedad por el miedo que le genera ser descubierto por las autoridades. Estuvo en la cárcel y participó en la Segunda Guerra Mundial, pero es en la Viena de posguerra cuando no consigue dormir: tiene recurrentes pesadillas en las que un hombre uniformado le apunta no con un arma, sino con un lápiz. En un momento, harto de su situación, le comenta a su compañera:

«Mañana temprano voy a la policía y les digo: “Aquí estoy, Tony Sponer. 32 años de edad, 73 kg de peso, pero bajando rápidamente. Hablo tres idiomas con fluidez. […] Sin residencia fija, ni pasaporte. Una interesante ficha policial: entrada ilegal, vagancia, venta de cigarrillos sin permiso, conducir un taxi sin permiso, comer sin permiso, dormir sin permiso. Intentar ganarse la vida sin permiso…”».

En un estrato social más alto, Karen Manelli está atrapada en un matrimonio infeliz y planea escapar con un amigo fuera del país. Su marido, un prestigioso pianista, se entera y mata al amante cuando este viajaba en el taxi de Tony. El sorprendido conductor intenta avisar a la policía, pero al solicitarle el número de licencia del taxi, se echa para atrás. Revisando la documentación del fallecido, encuentra su pasaporte y decide que es la única forma de conseguir una identidad con la que poder escapar a Estados Unidos. A partir de ese momento Tony Sponer pasa a ser Jack Mortimer.

Por distintos motivos, la desdichada esposa y el asustado taxista son detenidos por la policía y conducidos ante el celoso marido, quien insiste en que su mujer padece fabulaciones y se disculpa por el malentendido con «Jack», aun sabiendo que no es quien dice ser (ya que así podrán involucrar a un inocente en el crimen que ha cometido él). Karen huye de su marido y Tony es liberado por la policía. Posteriormente ambos inician una huida juntos por las calles de Viena en la que son perseguidos por el famoso músico, que intenta evitar a toda costa que ella lo abandone.

Stolen Identity (Gunther von Fritsch, 1953) es un ejemplo fascinante de coproducción de la época. Turhan Bey era un actor austríaco que había triunfado en Hollywood y regresó a Austria como productor para adaptar la novela Ich war Jack Mortimer, de Alexander Lernet-Holenia. La película fue filmada simultáneamente en dos idiomas: una versión alemana para los mercados austriaco y alemán titulada Abenteuer in Wien (Emil E. Reinert, 1952), y la versión que nos ocupa, en inglés, para el público anglosajón. Esta se estrenó siete meses después que aquella, ya en 1953. Ambos rodajes compartieron decorados, vestuarios y equipo técnico, lo que permitió reducir los costes drásticamente mientras se intentaba conquistar ambos mercados a la vez. Salvo los dos protagonistas y el director[1], la mayoría de las personas que intervinieron en las películas repetían su trabajo minutos después de que se hubiese grabado una toma (normalmente la versión alemana, dirigida por Reinert se realizaba primero). Francis Lederer interpreta el papel del marido asesino en ambas versiones, ya que era un actor austriaco conocido en Estados Unidos y aportaba ese toque europeo que tan bien encajaba con el personaje de un músico vienés.

La versión alemana es considerada por muchos críticos superior y más poética. En ella se refleja mejor el sentimiento de derrota y supervivencia de la Viena de posguerra. La anglosajona, por su parte, se centra en conseguir un thriller de suspense y acción, lo que nos permite hacernos una idea sobre cómo era la posguerra en cada uno de los bandos.

Sin el taxi no existiría la premisa narrativa, pues es literalmente el lugar donde se produce la suplantación de identidad, un recurso muy característico del cine negro de los años cuarenta y cincuenta. Aquí no es un simple medio de transporte, sino el escenario de un crimen, el lugar en el que se da el dilema moral y el vehículo —literal y simbólico— de la identidad robada. Esta apropiación también implica para el protagonista un ascenso de condición social que el conductor ya había anticipado cuando deslizó el cristal que separa su espacio y el del pasajero.

Tony: [despertando a su amigo] «Arriba. Viena te necesita.»

Heintl (taxista): «¿Quién me necesita?»

Tony: «Todo el mundo: Schubert, el Danubio Azul, Strauss… Los distinguidos extranjeros que tenemos: los americanos, los rusos, los ingleses, los franceses… Todos los turistas, con o sin uniforme. Necesitan transporte.»

El vehículo que conduce Tony es un Steyr Typ 45, una evolución del Steyr 30, modificado para ser utilizado como taxi (entre otras cosas, añade la mampara que separa los compartimentos del interior). Steyr era una marca austriaca y aunque el modelo podría tener más de veinte años, era muy común verlos en circulación ya que la guerra había destruido gran parte del parque móvil y los taxistas exprimían la vida del coche todo lo que podían. En el ejemplar que se muestra en la película, no hay obligación de llevar el cartel de «Taxi» ni el taxímetro a la vista, ya que, a diferencia de los que operaban en las paradas de la calle, estos Mietwagen (coches de alquiler con chófer) funcionaban bajo reserva y tenían las tarifas pactadas. El chófer (Tony) sí cumple con la «etiqueta laboral» típica y lleva cazadora de piel con los cuellos de borrego y la icónica gorra.

La elección de este modelo robusto y elegante es perfecta porque, además de dar verosimilitud, refuerza el tono expresionista y aporta un aire ligeramente decadente y centroeuropeo cuando lo vemos transitar por las calles adoquinadas, sombrías y empapadas por la lluvia.

La película captura una Viena real y oscura, alejada de los clichés imperiales. La ciudad está devastada por la guerra —el veinte por ciento de las viviendas fueron destruidas y había más de tres mil cráteres de bombas—. A pesar de la ocupación aliada, que tiene la urbe dividida en cuatro sectores (estadounidense, soviético, británico y francés), la población intenta recuperarse pese a las duras condiciones, y podemos observar la resiliencia, la alegría y las ganas de vivir de los vieneses cuando celebran el Año Nuevo. Los martillos neumáticos que se escuchan no son solo el ruido que acalla el disparo con el que es asesinado Jack Mortimer, también representan una ciudad en plena reconstrucción.

Y si hablamos de una película ambientada en la Viena postconflicto, es imposible no acordarse de un título mítico: El tercer hombre (The Third Man, Carol Reed, 1949). Además de la localización comparten varios elementos muy propios del cine negro clásico: ambigüedad moral, identidades ocultas, mercado negro, atmósfera nocturna, intriga criminal, protagonista extranjero desorientado, el mundo subterráneo, la amenaza incierta… Ambas tienen el mismo escenario, pero este es mostrado de forma muy distinta: en el caso de la película de Reed la urbe es casi un personaje más y representa el laberinto social, mientras que en la obra de von Fritsch, Viena es un entorno realista con unas circunstancias muy concretas que determinan la historia que se cuenta.

También difieren notablemente en su tratamiento y alcance: El tercer hombre destaca por su ambición artística, su compleja construcción narrativa y un estilo visual innovador que convierte la ciudad en un elemento expresivo fundamental (los contrastes de fotografía y las angulaciones forzadas refuerzan la situación de inestabilidad social y moral). Por su parte, Stolen Identity presenta una propuesta más modesta y convencional, centrada principalmente en el desarrollo del suspense. Además, la primera alcanza una mayor profundidad temática y una dimensión simbólica más elaborada, en lo que podríamos llamar un noir político y existencial, lo que explica su enorme repercusión e influencia posterior. Mientras, la segunda obtuvo un impacto mucho más limitado y se mantiene como una obra menor dentro del panorama cinematográfico de la época, aunque indiscutiblemente es un título a reivindicar por su buena factura y las connotaciones históricas señaladas.

 

 

Stolen Identity.

Dirección: Gunther von Fritsch [acreditado como Gunther Fritsch]. Producción: Transglobe-Film Inc. Productor: Turhan Bey. Guion: Robert Hill, según la novela de Alexander Lernet-Holenia. Fotografía: Helmuth Ashley. Música: Richard Hageman. Montaje: . Diseño de producción: J. Jonsdorff. FX: David Commons, Jack Rabin (efectos especiales). Intérpretes: Donald Buka (Toni Sponer), Joan Camden (Karen Manelli), Francis Lederer (Claude Manelli), Adrienne Gessner (Mrs. Fraser), Inge Konradi (Marie), Gisela Wilke (Old Doll), Hermann Erhardt (Ferdl Heintl), Egon von Jordan (Kruger), Manfred Inger (inspector), Karl Farkas (camarero), Alexander Kerst (policía), Louis Ousted (Jack Mortimer)… Nacionalidad y año: Austria, Estados Unidos 1953. Duración y datos técnicos: 81 min. – B/N – 1.37:1 – 35 mm.

 

Artículo originalmente publicado en la revista Versión Original 358. Taxis. Abril 2026.

Revisado y ampliado en julio de 2026.

David Aparicio Sánchez @myfilmnoirstuff

[1] A modo de ejemplo señalar un detalle que demuestra que el codirector de The Curse of the Cat People [tv/dvd: La venganza de la mujer pantera, 1944] sabía lo que hacía: la primera aparición de Karen es a través de una ventana, que la enmarca por completo. La segunda es mediante un plano contrapicado a través de los balaustres de una escalera que dan la sensación de ser una jaula. La cámara se eleva al acercarse a ella y la mujer queda liberada de esa «cárcel».