Vicki Robbins, una cantante de éxito, tiene una crisis nerviosa mientras está rodando un programa de televisión, así que su psiquiatra le aconseja que vaya al campo una temporada a relajarse. La pone en contacto con Ralph Hargrove, un amigo que tiene una granja donde cría abejas, y ella se dirige al lugar a alojarse un tiempo. Pero una mano invisible parece estar manejando las abejas para que ataquen y maten.

Dirección: Freddie Francis. Producción: Amicus Productions. Productores: Max Rosenberg, Milton Subotsky. Guion: Robert Bloch, Anthony Marriott, según la novela A Taste for Honey de H. F. Heard [Henry Fitzgerald Heard]. Fotografía: John Wilcox. Música: Wilfred Josephs. Montaje: Oswald Hafenrichter. Dirección artística: Bill Constable. FX: Michael Collins (efectos especiales). Intérpretes: Suzanna Leigh (Vicki Robbins), Frank Finlay (H. W. Manfred), Guy Doleman (Ralph Hargrove), Catherine Finn (Mary Hargrove), John Harvey (Thompson), Michael Ripper (David Hawkins), Anthony Bailey (Compere), Tim Barrett (Harcourt), James Cossins (juez de instrucción), Frank Forsyth (doctor), Katy Wild (Doris Hawkins), Greta Farrer (hermana), Gina Gianelli (secretaria), Michael Gwynn (Dr. George Lang), Maurice Good (agente), Alister Williamson (inspector), Percy Edwards (Tess the Dog [voz]), Caron Gardner (secretaria del encargado), Kim Gardner (miembro de The Birds), Pete McDaniel (miembro de The Birds), Ali McKenzie (miembro de The Birds), Tony Munroe (miembro de The Birds), Ronnie Wood (miembro de The Birds)… Nacionalidad y año: Reino Unido 1966. Duración y datos técnicos: 84 min. color 2.35:1.

 

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Después de Daleks’ Invasion Earth 2150 A.D. [tv: Los marcianos invaden la Tierra; dvd: Los daleks invaden la Tierra, 1966] la mítica productora Amicus se hizo cargo de The Deadly Bees (1966), basada en una novela. Su autor, Henry Fitzgerald Heard, nació en 1889, y fue historiador, escritor de ciencia, educador y filósofo, entre otras cosas, y publicó su variada obra como Gerald Heard, bajo el cual editó su obra de ensayo, entre la que figura su libro de mayor prestigio, The Five Ages of Man: The Psychology of Human History (1964). Con el apelativo, por lo demás, de H. F. Heard cosechó ficción, casi toda de carácter detectivesco y/o fantástico, comenzando precisamente con la novela A Taste of Honey en 1941, e iniciadora de una trilogía, completada con Reply Paid: A Mystery (1942) y The Notched Hairpin: A Mycroft Mystery (1949), amén de dos relatos, publicados en el Ellery Queen’s Mystery Magazine, “Mr. Montalba, Obsequist” (septiembre de 1945) y “The Enchanted Garden” (marzo de 1949). El protagonista de todas ellas es un tal Mr. Mycroft, nombre bajo el cual parece encontrarse el auténtico Sherlock Holmes, ya anciano y retirado en Sussex Downs, acompañado de su amigo y vecino Mr. Silchester. La presente novela fue valorada de manera muy positiva por estudiosos del género criminal como Christopher Morley y Raymond Chandler.

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Para hacer frente al film se volvió a reunir a los responsables de uno previo de la Amicus, El psicópata (The Psycopath, 1966), con Freddie Francis como director y Robert Bloch como guionista. Con anterioridad, la novela citada había sido adaptada en The Elgin Hour (1954-1955), una serie televisiva norteamericana de carácter antológico, con historias entre dramáticas y criminales[1], que duró diecinueve episodios ―emitiéndose salteada cada dos semanas con otra de iguales características, The U.S. Steel Hour (1954-1955)―. El episodio once fue “Sting of Death” (emitido el 22 de febrero de 1955), que adaptaba la obra de Heard por parte de Alvin Sapinsley, con dirección de Daniel Petrie y protagonizado por Boris Karloff como Mr. Mycroft y Robert Flemyng como Mr. Silchester. La idea original de la película que nos concierne, precisamente, era que Boris Karloff repitiera su papel, acompañado de Christopher Lee. Sin embargo, Milton Subotsky hizo perpetrar a Robert Bloch innúmeros cambios en el guion, reemplazando al investigador de lo sobrenatural por una cantante de rock, para dar rienda suelta a sus placeres musicales ―Subotsky llegó a participar como jurado en un programa televisivo de talentos en ese aspecto, tipo Tú sí que vales―.

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Freddie Francis, comprobando que el guion no tenía mucha consistencia, y aprovechando que Subotsky estaba hospitalizado, contrató a otro guionista, Anthony Marriot, con el fin de arreglar un poco el cotarro. Así pues, hubo un cambio de direcciones en la trama del cual el film se resintió, acrecentado por el hecho de que, cuando Subotsky se encontró con el percal, intentó enmendarlo en la sala de montaje, eliminando, o intentando eliminar, gran parte de los añadidos.

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El resultado final, por supuesto, deriva de ese duelo de egos. Lo más curioso es que el film resultante se asemeja a una especie de mezcla entre dos películas tan disímiles como The Devil Bat [tv/dvd: El murciélago diabólico, Jean Yarbrough, 1940], en el sentido de que los animales son atraídos hacia sus víctimas por un aroma, y Los pájaros (The Birds, Alfred Hitchcock, 1963), con una muchacha (rubia, para más señas) llegando a una localidad, alojándose en una casa y con los ataques iniciándose simultáneamente, con las tensiones de los personajes como telón de fondo. Claro que The Deadly Bees (1966), por supuesto, carece de la profundidad psicológica de la obra maestra de Hitchcock. Destaca sobre todo el hecho de que haya gran cantidad de escenas muy dilatadas donde se cuentan situaciones triviales ―véase todo el arranque en el estudio de televisión―, acompañado ello de constantes saltos abruptos que resumen otras situaciones que necesitarían un mayor desarrollo. Al efectuarse ese montaje referido el film quedó demasiado corto, por lo cual se incluyó un flashback sobre-explicativo para ofrecer más metraje y que, de paso, incluía algún plano amputado.

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Lo más interesante, sobre el papel, es la relación tensa que mantiene el matrimonio formado por Ralph y Mary Hargrove, pero carece por completo de desarrollo, más allá de cuatro piques que se sueltan el uno al otro. También tenemos el personaje de Doris Hawkins, una vecina que es contratada para ayudar a la asistencia de la convaleciente, que al principio parece tener unas actitudes un tanto veleidosas con su contratante para luego olvidarse de ese enfoque. En medio de todo ello tenemos a Vicki Robbins, una cantante de pop que ha sufrido una incomprensible crisis ―está haciendo un playback lastimoso en el estudio de televisión y de pronto la vemos caída en el suelo, si bien se supone que está muy cansada de tanto trabajar al estar sobreexplotada por su representante― y que se va al campo a relajarse, para encontrar una intriga criminal de por medio. Gran parte de las actividades de investigación que realiza la muchacha desvelan el origen de esa labor en el detective de la novela, aunque sus intromisiones están metidas con calzador, y su repentina amistad con el vecino tampoco es muy coherente, salvo que pensemos que esa relación procede de los personajes originales de Mycroft y Silchester.

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La trama criminal, por su parte, tampoco detenta mucha solidez. Tenemos dos sospechosos, los vecinos H. W. Manfred y Ralph Hargrove, ambos apicultores, y picados entre ellos. No se aportan pistas acerca de quién será el verdadero inductor, más allá de que ambos, en ocasiones, tomen actitudes sospechosas no muy lógicas para intrigar al espectador. Si bien, pese a todo, pronto queda bastante evidente quién es el responsable de lo que acontece.

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Los efectos especiales son bastante mediocres, con planos del cielo de abejas auténticas, alternados con planos de los actores, con abejas falsas prendidas a ropa y rostro y otras revoloteando alrededor: mientras que las que están sobre los personajes son de color negro, las que vuelan, integradas por sobreimpresión, son de un amarillo cálido. A ello se suma, por ejemplo, el hecho de que, cuando el personaje de Doris Hawkins va corriendo por el bosque, perseguida por los insectos, sin embargo vemos a estas revolotear abundantemente por delante de ella.

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The Deadly Bees, por tanto, es un film muy flojo, aunque puede verse con cierto agrado por la agradable fotografía ―algo que siempre es garantía segura con Freddie Francis como director― y un reparto en verdad sólido, donde destacan algunas figuras provenientes de la cantera de la Hammer, así Michael Ripper, que interpreta al cantinero y policía, todo en una pieza, del pueblo, y a Michael Gwynn como el psiquiatra en un rol insignificante. En todo caso, por algún misterioso motivo, el film se ve con simpatía y no despierta irritación.

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Anécdotas

  • Título en Argentina: Picadura mortal.
  • El rodaje tuvo lugar en los Twickenham Film Studios, St Margarets, Twickenham, Middlesex, Inglaterra, Reino Unido, a partir del 6 de diciembre de 1965.
  • Uno de los miembros del grupo The Birds, que aparecen actuando al principio, es Ronnie Wood, futuro miembro de los Rolling Stones.
  • Cuando se estrenó originalmente en el Reino Unido, la BBFC hizo cortes para evitar una calificación ‘X’. Todos los cortes fueron subsanados en 2019 cuando la película recibió un certificado ’12’ para video casero.
  • Algunas copias editadas en DVD y/o BD ―si no todas― están recortadas al formato 1.78:1.
  • Otra adaptación de la novela: en la serie The Elgin Hour, primera temporada, episodio 11, bajo el título «Sting of Death» (22 de febrero de 1955).
  • Estrenada en el Reino Unido en abril de 1967.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: *½

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

 

[1] Uno de los episodios de la serie fue “Crime in the Streets” (1955), dirigido por Sidney Lumet con guion de Reginald Rose, y protagonizado por Robert Preston y John Cassavettes, que luego tendría su versión para cines con la excelente Crime in the Streets [tv: Crimen en las calles, 1956], dirigida por Don Siegel, reescrita por Rose, protagonizada por James Whitmore, y con Cassavetes repitiendo su papel.