Gwen Mayfield es contratada como directora de un colegio privado en una pequeña localidad inglesa. Poco antes vivió una experiencia traumática en África, por medio de un médico brujo. Al poco de establecerse en el nuevo pueblo, comienza a percibir que en el lugar parecen todavía celebrarse antiguos ritos de brujería…

Dirección: Cyril Frankel. Producción: Hammer Films, Seven Arts. Productor: Anthony Nelson Keys.  Guion: Nigel Kneale, según la novela de Peter Curtis [Norah Lofts]. Música: Richard Rodney Bennett. Fotografía: Arthur Grant. Diseño de producción: Bernard Robinson. Montaje: Chris Barnes. Intérpretes: Joan Fontaine (Gwen Mayfield), Kay Walsh (Stephanie Bax), Alec McCowen (Alan Bax), Ann Bell (Sally Benson), Ingrid Brett [Ingrid Boulting] (Linda Rigg), John Collin (Dowsett), Michele Dotrice (Valerie Creek), Gwen Ffrangcon Davies (abuela Rigg), Duncan Lamont (Bob Curd), Leonard Rossiter (Dr. Wallis), Martin Stephens (Ronnie Dowsett), Carmel McSharry (Mrs. Dowsett), Viola Keats (Mrs. Curd), Shelagh Fraser (Mrs. Creek), Bryan Marshall (Tom), Yemi Goodman Ajibade, Kitty Atwood, John Barrett, Harold Coyne, Roy Desmond, Catherine Finn, Prudence Hyman, Lizbeth Kent, Artro Morris, Willie Payne, Charles Rea, Ken Robson, Brian Todd, Don Vernon, Rudolph Walker, Terry Williams… Nacionalidad y año: Reino Unido 1966. Duración y datos técnicos: 88 min. Color 1.66:1.

    

Hacia 1966 la Hammer había entrado en una diversidad temática, dentro de lo que era el género fantástico –y otros géneros populares, donde se acumulan piratas, vikingos y conflicto bélico– bastante apreciable, y la amplitud de materias se ampliaría aquí con un motivo tan apasionante como es el de la brujería, quizás alimentado por la reciente aparición de esa joya del terror británico que es Night of the Eagle (1962), de Sidney Hayers. The Witches (1966) –inédita en cines españoles, sin duda debido a que la base de la historia se centra en la virginidad de una muchacha de catorce años– resulta bastante apreciable, pese a la mala fama que acarrea. La virtud de este film estriba en la unión de dos personalidades tan opuestas como son el guionista Nigel Kneale y el realizador Cyril Frankel.

Nigel Kneale (1922-2006) fue uno de los artistas más polifacéticos del Reino Unido. En 1951 entró en la BBC, filial televisiva, y poco después creó al mítico profesor Bernard Quatermass, que daría lugar a cinco producciones televisivas[1], tres cinematográficas y una radiofónica y otra teatral[2]. También fue responsable de la reputada versión de 1984 transmitida en 1954 y protagonizada por Peter Cushing. Para la Hammer adaptó dos de sus creaciones televisivas con Quatermass 2 (1957) y The Abominable Snowman (1957), y también escribió el curioso guion de La gran sorpresa (1964) para Ray Harryhausen. Fue responsable de igual modo del guion del telefilm La mujer de negro (The Woman in Black, 1989), versión de la novela de Susan Hill superior a la reciente adaptación cinematográfica. Kneale se caracterizó por plantear historias sencillas, que graduaba de forma paulatina por medio de una intriga cada vez más intensa, y desarrolladas con la mayor de las plausibilidades, amén del uso de personajes muy cotidianos. Podría decirse, en cierto modo, que las constantes de las comedias de la Ealing –un punto de partida chocante desarrollado del modo más metódico posible– las trasladaba al terreno de lo fantástico.

Cyril Frankel (n. en 1921), por su parte, desarrolló también una carrera alternándola entre el cine y la televisión. En el primero de los campos debutó en 1950 con un trío de cortometrajes documentales, y en 1956 consiguió un gran éxito con la comedia musical Es grande ser joven (It’s Great to Be Young!). En televisión dirigió episodios para series de la celebridad de El barón, Los invencibles de Némesis, El detective fantasma, Department S, OVNI o Los protectores. Para la Hammer, amén de la presente, dirigió el magnífico film de intriga Never Take Sweets from a Stranger (1960), así como el episodio “La pista de tenis” (“Tennis Court”) de la serie La casa del misterio / Misterio (Hammer House of Mystery and Suspense; 1984). Pese a su trabajo dentro de las citadas series de carácter fantástico, su cine se caracteriza por un estilo casi documentalista, incluso en las comedias, con un reflejo de la cotidianidad british muy acentuado, lo que le equipara como una especie de aportación al free cinema desde un perfil más llano.

Por tanto, el acercamiento cotidiano a lo fantástico de Kneale, junto al perfil naturalista de la obra de Frankel, también habitual a la fantasía, provocan un tan curioso como cautivador equilibrio entre las dos modalidades en esta The Witches. Puestos a definir de algún modo la película, cabría decir que es una especie de mezcla entre la novela Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw, 1898), de Henry James, y el posterior filme The Wicker Man [tv/vd/dvd: El hombre de mimbre, 1973], de Robin Hardy. De la primera obra tomaría la estructura base: una mujer, cuyo trabajo se centra en la educación, oculta en su interior un trauma y, en ese trance, debe hacerse cargo de la formación de unos muchachos, proceso durante el cual se le desvelará una realidad terrorífica. En cuanto a la cinta de Hardy, presagia el concepto basado en la llegada de una persona a un entorno rural nuevo, en el cual descubrirá la prevalencia de ritos paganos ancestrales. También cabría destacar que forma parte de un pequeño grupo de cintas donde la brujería es presentada dentro de un contexto realista, como cabrían ser The Seventh Victim [dvd: La séptima víctima, 1943], de Mark Robson, la citada Night of the Eagle o la celebérrima La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968), de Roman Polanski.

La película arranca con una bellísima toma de una cabaña rodeada por un lóbrego ambiente selvático; de pronto, en el plano irrumpe una mano provista de un fetiche usado en brujería. Se trata de un breve prólogo que, en apariencia, nada tiene que ver con lo que se narrará con posterioridad, pero que sirve para explicar el peculiar estado psicológico en el cual se halla sumida la protagonista. Más adelante, tras un suceso traumático, se despierta en la cama y cree vislumbrar el fetiche, pero cuando enfoca la mirada –cuando el director enfoca el objetivo de la cámara– descubre –descubrimos– que se trata de un plumero. Y en otro momento, cuando la crisis mental se precipita, los recuerdos del suceso retornarán a la torturada psique de la profesora, en un impresionante plano donde el hechicero africano, provisto de esa inmensa máscara que le ocupa el cuerpo entero, irrumpe en la realidad de la clínica enclavada en la campiña británica.

Esa citada campiña británica es el entorno que prevalece a lo largo de toda la película. Tras un prólogo (otro) cuando la mujer es contratada, y que rememora el arranque de Otra vuelta de tuerca, con la entrevista a la institutriz, la protagonista viaja al nuevo lugar de trabajo, Heddaby, un pequeño pueblecillo rural típicamente british, como el que podría aparecer en una novela de Agatha Christie, y con unos vecinos cordiales y campechanos, como ese carnicero que desuella el conejo delante de una espantada Joan Fontaine –primer elemento que presagia que lo inquietante se halla agazapado entre lo cotidiano–. Los primeros minutos, por supuesto, sirven para plantear ese entorno, que se nos haga confortable, como la muchacha que recibe a la profesora y le ofrece un té de inmediato, o sus propios contratistas, una pareja de hermanos; él parece psicológicamente inestable, y suele vestir de sacerdote, pues quiso serlo en tiempos y dispone de una amplia colección de arte sacro, aunque la hermana dice que “es inofensivo”; ella, por su parte, es una intelectual que escribe artículos de carácter, se supone, antropológico. Es decir, se nos plantean las dos caras de la moneda: por un lado, el personaje masculino, débil, y que se vincula a la religión ortodoxa (entendida esta como la que es norma, no la denominada así); y por otro, el personaje femenino, de gran fortaleza, y que se supedita al paganismo.

Poco a poco, Joan Fontaine, tal como hacía en Rebeca (Rebecca, 1940) –cierto hálito hitchcockiano también revolotea sobre todo el film– va impregnándose de todo el clima anómalo que habita en el pueblo, oculto pero presente, y termina por percibir que los rituales satanistas que se celebran en el lugar. Kneale impregnó su guion de elementos irónicos, pues le resultaba ridícula la idea de esos ritos satánicos en la Inglaterra moderna, pero la Hammer los eliminó, pues quería hacer una película totalmente seria, motivo por el cual el creador de Quatermass no tenía excesivo aprecio al film, si bien ese contraste que a él parecía ridículo es el que otorga esa fuerza a los resultados. La larga escena de la ceremonia satánica del final ofrece un momento de lo más desazonador, cuando Joan Fontaine descubre un muñeco que se mueve de un modo nervioso: ha sido confeccionado por medio de un saco, y dentro de él hay un gato negro –el familiar de la anciana bruja Rigg– que pretende liberarse de su encierro. Y la propia ceremonia semeja documentada profusamente, dando credibilidad a todo el proceso. Otro elemento a destacar es la contraposición entre la brujería “natural”, que es la que rige en el pueblo originariamente, y la brujería negra que representa la líder del coven, que controla con sus poderes a todos los participantes del aquelarre.

 

Anécdotas

  • Título en México: Bajo la sombra del infierno.
  • Título en Estados Unidos: The Devil’s Own.
  • Joan Fontaine compró los derechos de la novela y propuso el proyecto a la Hammer, según confesión de la actriz.
  • Última película de Joan Fontaine.
  • Rodada entre abril y junio de 1966.
  • Los exteriores se rodaron en la localidad de Hambleden, Buckinghamshire, Inglaterra, Reino Unido.
  • Estrenada en el Reino Unido en programa doble junto a Death Is a Woman (1966), de Frederic Goode. En Londres se estrenó el 21 de noviembre de 1966, y después, en todo el país globalmente, el 9 de diciembre. En España permaneció inédita, hasta su emisión por televisión y su edición en DVD por parte de Manga Films en 2002.

Bibliografía

  • Las brujas; por Peter Curtis; traductora, María Victoria Lentini. Barcelona: Géminis, 1968. T.O.: The Devil’s Own (1960); también reeditada como The Witches.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

CALIFICACIÓN: ****

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

[1] Una de ellas, con John Mills como el profesor, convertida después en película para cines a partir de un remontaje, pero siendo de origen televisiva.

[2] Que adapta Quatermass and the Pit.