Por David Aparicio Sánchez

The Conspirators [tv: Los conspiradores] (1944).

 

Rick se quedaba en Casablanca mientras Victor e Ilsa cogían un vuelo hacia la libertad. Si en el clásico de 1942 el objetivo era llegar a Lisboa, en Los conspiradores (The Conspirators, 1944) se muestra lo que encuentra el líder de la resistencia cuando llega a la capital portuguesa: una puerta hacia la libertad, sí, pero llena de agentes secretos, espías e informantes nazis y aliados, que libran una guerra muy distinta a la que está sufriendo la mayoría de Europa.

La historia sigue a Vincent Van Der Lyn (Paul Henreid, quien también interpretaba a Victor), un saboteador de la resistencia neerlandesa apodado el «Holandés Errante», que huye de los nazis. Al llegar, el capitán de la policía portuguesa le advierte que debe mantener una postura neutral durante su estancia de 36 horas, tiempo en el que espera conseguir un pasaje hacia Inglaterra. La trama se complica cuando Vincent conoce a (y se enamora de) la misteriosa Irene Von Mohr (Hedy Lamarr), quien está casada por gratitud con un oficial diplomático alemán, Hugo Von Mohr. Vincent se une a un grupo de resistencia internacional liderado por Quintanilla, y poco después es acusado injustamente de matar a un hombre. Para complicar aún más las cosas, descubren que hay un informante nazi entre ellos y deben localizarlo antes del plazo establecido de 36 horas.

Warner Bros. intentó replicar la fórmula de Casablanca (Casablanca, 1942) mediante un romance bélico que combinaba espionaje y tensión, ambientado en un idílico oasis neutral que contrastaba con la devastación del resto de Europa. El estudio compró los derechos de la novela homónima de Frederic Prokosch e inició el proyecto. Hasta siete guionistas (incluida la famosa escritora Ayn Rand[1]) participaron en el libreto que durante un tiempo cambió la ubicación a Viena. Para la dirección se contó con Don Siegel, pero fue degradado a ayudante de dirección tras un altercado personal con Jack Warner. Es entonces cuando entró en juego Jean Negulesco, quien acababa de triunfar con The Mask of Dimitrios [tv/dvd: La máscara de Dimitrios, 1944]. Parece ser que el director rumano se vino arriba y creó unos escenarios que dispararon el presupuesto antes siquiera de empezar a rodar (Negulesco diseñó hasta ochenta y siete diseños de decoración diferentes). La primera versión de la película fue descartada, y Warner sustituyó al productor Hal Wallis por Jack Chertok para evitar que el coste de la producción se elevase aún más.

Entre abril y mayo de 1944 tuvo lugar el rodaje, contando entre sus estrellas principales con Hedy Lamarr. La actriz, que había sido considerada para el papel de Ilsa en el título de Michael Curtiz, estaba más preocupada por su aspecto y la iluminación que por la tensión dramática de la escena, lo que hizo que durante el rodaje secretamente la llamasen «Headache Lamarr» [«Dolor de cabeza Lamarr»].

El estudio reunió a cuantos profesionales pudo de la película que quería emular, y así nos encontramos de nuevo con los actores Paul Henreid, Sydney Greenstreet y Peter Lorre, la música de Max Steiner y la fotografía de Arthur Edeson. Para aumentar la sensación de mezcla de culturas, se incluyeron actores de diversas nacionalidades: austriacos, alemanes, británicos, italianos, húngaros, rusos, etc., pero ninguno de procedencia portuguesa. Por si fuera poco, la cantante que interpreta un fado es Aurora Miranda (hermana menor de Carmen), de nacionalidad brasileña.

Se realizó por completo en los platós de Warner Boulevard de la localidad californiana de Burbank y no en Lisboa por varios motivos. De un lado, el económico: lógicamente era más barato rodar en sus estudios que llevar todo el equipo hasta Europa. De otro, la película no pretendía reflejar fielmente las calles y plazas que representaba, sino mostrar una ciudad europea a modo de oasis en un continente devastado en su mayoría por la guerra. Un lugar en el que nazis y aliados pudieran compartir presencia en distinguidos cafés o casinos sin liarse a tiros. No es un Portugal de postal. La intención era ofrecer la imagen que los estadounidenses tenían del país luso: exotismo en el pueblo pesquero, ambientes palaciegos en los interiores, y casas y arquitectura más propias de Centroeuropa (ambientación heredada de las películas de terror de los años treinta y cuarenta) que de la Lisboa de 1944. Esto no debe verse como un intento fallido de recrear la ciudad, sino como una forma de integrarla en el lenguaje cinematográfico, utilizando unos códigos ya establecidos y asumidos por los espectadores y en los que lo importante no es la fidelidad, sino la atmósfera.

En este sentido, tanto la luz como el espacio en el que se desarrolla la acción presentan dualidades muy concretas. Por un lado, la fotografía acentúa el contraste visual entre luz y oscuridad: mientras los elegantes cafés y casinos de la ciudad brillan con una opulencia casi cegadora, las calles de Lisboa y el pequeño pueblo pesquero quedan sumergidos en sombras expresionistas que subrayan la clandestinidad. Por otro lado, se configura una marcada dualidad ambiental: frente al peligro constante y la sofisticación corrupta de la metrópoli, el entorno costero se presenta como un refugio de tranquilidad naif, un espacio de sencillez rural casi ajeno a las intrigas políticas, en el que Vincent vuelve a encontrar la paz.

 

También es importante recordar la delicada situación política. En 1944 en Portugal había un régimen dictatorial: el Estado Novo de Salazar; y, aunque era un país neutral en la Segunda Guerra Mundial, desde la OWI (Office of War Information) hubo bastante control e indicaciones a la Warner para evitar cualquier incidente diplomático con los portugueses (por poner un ejemplo, las autoridades locales como la policía no debían ser presentadas como villanos o cómplices directos de los nazis). Lisboa en la novela era descrita como una ciudad taciturna, opresiva y decadente, con una temible policía y unos refugiados para los que la estancia allí significaba una espera agónica marcada por la burocracia y la precariedad. Todo eso se eliminó en la película y se muestra el país como un entorno elegante, benévolo y romántico, contrastando su aparente tranquilidad con el caos de la guerra en el resto del continente.

En definitiva, Los conspiradores fue un proyecto cuyo guion fue retocado en numerosas ocasiones; con unos actores no especialmente implicados; un director que no sentía la película como suya y que acabó en ella de rebote; con cambio de productor a mitad del proceso y en la que se intentaba repetir el éxito de un clásico que según muchos autores se debió principalmente a un cúmulo de afortunadas coincidencias. Así pues, no es de extrañar que el producto resultante pasase bastante desapercibido (aunque en taquilla, y gracias al tirón de Hedy Lamarr, no le fue tan mal).

La crítica fue dura (y con motivo). Se señaló que el guion era confuso e incapaz de generar ninguna simpatía por los personajes principales, que era una cinta hecha con materiales reciclados, y que ni la historia ni el ritmo eran los adecuados. Por si fuera poco, el paralelismo con Casablanca la hacía palidecer aún más. Ni los diálogos ni la química entre la pareja protagonista de una y otra admitían comparación alguna.

La música de Max Steiner acompaña bellamente la película, aunque hay que apuntar que es poco lo que realmente creó para este título. De hecho, la partitura está considerada como un gran «self-borrowing» (autopréstamo) de trabajos anteriores, más que una banda sonora completamente original. Esto no se veía como algo negativo o falta de creatividad, sino como pragmatismo profesional y una forma eficiente de mantener la coherencia estilística del estudio. No olvidemos que Steiner compuso más de trecientas bandas sonoras, por lo que el uso de «bibliotecas personales de motivos» era esencial para cumplir con los plazos.


Vincent Van Der Lyn: «Me han dicho que Lisboa en una ciudad extraña. Una ciudad de ecos y sombras. Con cien ojos observando cada uno de tus movimientos.»


La cinta no se estrenó ni en Portugal ni en España. En nuestro país, por las referencias antinazis, y en el de nuestros vecinos para no ofender a las autoridades lusas ni comprometer las negociaciones que en ese momento estaba llevando a cabo Estados Unidos para el uso militar de las bases en las Azores.

Sin ser una gran película, Los conspiradores sí tiene una calidad mayor que la que le otorgaba el propio director, quien renegó de su obra, señalando que en secreto se referían a la misma como «The Constipators», [«Los estreñidos»]. Además, según él, la valoración más justa de su obra fue la que hizo Max Steiner, quien tras ver el producto terminado se limitó a decir «¡Ouch!».

 

The Conspirators [tv: Los conspiradores].

Dirección: Jean Negulesco. Producción: Warner Bros. Productor: Jack Chertok. Productor delegado: Jack L. Warner. Guion: Vladimir Pozner, Leo Rosten, con diálogos adicionales de Jack Moffitt, basado en la novela de Frederic Prokosch. Fotografía: Arthur Edeson. Música: Max Steiner, [y Hugo Friedhofer, música adicional sin acreditar]. Montaje: Rudi Fehr. Dirección artística: Anton Grot. Ayudantes de dirección: Ridgeway Callow, Don Siegel. Intérpretes: Hedy Lamarr (Irene Von Mohr), Paul Henreid (Vincent Van Der Lyn), Sydney Greenstreet (Ricardo Quintanilla), Peter Lorre (Jan Bernazsky), Victor Francen (Hugo Von Mohr), Joseph Calleia (capitán de policía Pereira), Carol Thurston (Rosa), Vladimir Sokoloff (Miguel), Eduardo Ciannelli (coronel de la policía Almeida), Steven Geray (Dr. Schmitt), Kurt Katch (Otto Lutzke), Eddie Abdo, Alex Akimoff, Luis Alberni, Carlos Albert, Rafael Alcayde, Fred Aldrich, John Arnold, Larry Arnold, Trevor Bardette, Robert Barron, Eugene Beday, Leon Belasco, Edward Biby, George Blagoi, Monte Blue, Anthony Caruso, Martin Garrilaga, Doris Lloyd, Aurora Miranda, Jay Novello, ‘Snub’ Pollard, Frank Reicher, Edward Van Sloan… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1944. Duración y datos técnicos: 101 min. – B/N – 1.37:1 – 35 mm.

 

 

Artículo originalmente publicado en la revista Versión Original 359. Lisboa. Junio 2026.

Revisado y ampliado en septiembre de 2026.

David Aparicio Sánchez @myfilmnoirstuff

 

[1] Rand no sale en los créditos de la película debido a que la normativa de Hollywood en aquel momento establecía que, para tener derecho a ser acreditado un escritor, tenía que haber elaborado al menos el 25% del guion. En el caso de los diálogos adicionales el porcentaje era del 10%.