El doctor Frankenstein ordena a su sirviente Fritz que robe de la facultad de Medicina un cerebro para proporcionárselo al ser artificial que está creando a partir de miembros muertos. Por accidente Fritz destruye el cerebro escogido, y en su lugar lleva el de un asesino ejecutado. El monstruo será devuelto a la vida en una noche de tormenta…

Dirección: James Whale. Producción: Universal Pictures. Productor: Carl Laemmle Jr. Productor asociado: E. M. Asher. Guion: Garrett Fort, Francis Edward Faragoh, basado en una composición de John L. Balderston, [con contribución al tratamiento de Robert Florey y contribución a la construcción del guion de John Russell, con edición de la estructura del guion de Richard Schayer, todos ellos sin acreditar], adaptado de la obra teatral de Peggy Webling, según la novela de Mary Shelley [acreditada como Mrs. Percy B. Shelley]. Fotografía: Arthur Edeson, Paul Ivano. Música: Bernhard Kaun, adaptando “Grand Appassionato” de Giuseppe Becce (créditos iniciales y finales). Montaje: Clarence Kolster. Dirección artística: Charles D. Hall. FX: Jack P. Pierce (maquillaje), Ken Strickfaden, Raymond Lindsay (efectos eléctricos), John P. Fulton (efectos visuales), Cleo E. Baker (miniaturas). Intérpretes: Colin Clive (Henry Frankenstein), Mae Clarke (Elizabeth), John Boles (Victor Moritz), Boris Karloff [acreditado como ?] (el monstruo), Edward Van Sloan (doctor Waldman), Frederick Kerr (barón Frankenstein), Dwight Frye (Fritz), Lionel Belmore (Herr Vogel, el burgomaestre), Marilyn Harris (pequeña Maria), Francis Ford (Hans), Michael Mark (Ludwig), Carmencita Johnson (niña), Pauline Moore (dama de honor), Ted Billings, Mae Bruce, Jack Curtis, Arletta Duncan, William Dyer, Mary Gordon, Soledad Jiménez, Seessel Anne Johnson, Margaret Mann, Robert Milasch, Inez Palange, Paul Panzer, Cecilia Parker, Rose Plumer, Cecil Reynolds, Ellinor Vanderveer… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1931. Duración y datos técnicos: 71 min. B/N 1.20:1.

 

Hay películas cuya leyenda es mucho más grande que ellas mismas; en otras ocasiones, la propia película acaba superando a su leyenda. Ese es el caso de Frankenstein (1931). Como todo aficionado sabe, tras el éxito de Dracula (1930) de Tod Browning, la Universal decidió abordar otro mito del terror, y echó la vista a la novela de Mary Shelley. Se rodó una bobina de veinte minutos de prueba, en los propios decorados de la adaptación de la obra de Bram Stoker, dirigida por Robert Florey (Doble asesinato en la calle Morgue) y donde actuaba Edward Van Sloan junto a Bela Lugosi como el monstruo; el maquillaje de éste, según parece, era de un aire similar al Golem de Paul Wegener. Sin embargo, tras esa prueba, Lugosi, según se cuenta, se negó a interpretar a la criatura, y el proyecto se replanteó, pasando a manos de James Whale.

Analizando mínimamente el guion se puede apreciar que la trama es una síntesis de la base del propio libro, a partir de la versión teatral efectuada por Peggy Webling[1]. Las líneas básicas están ahí, pero reducidas para cubrir el metraje de una película de poco más de una hora de duración.

Se ha hablado a menudo de cómo, mientras el ciclo Frankenstein de la Hammer se centró en especial sobre el personaje del doctor, en este ciclo Universal la preponderancia se estableció en el monstruo. Sin embargo, conviene matizar también el acercamiento que aquí se impuso a Henry Frankenstein[2]. Al inicio del film se refiere que Frankenstein haría cualquier cosa por conseguir sujetos para sus experimentos científicos, pero ciertamente jamás lo veremos asesinar: se apropia de los cuerpos robándolos de los cementerios o los patíbulos; más adelante, se lamentará de la muerte de su ayudante Fritz, repitiéndose varias veces que la culpa es de él, y ante la sugerencia de Waldman de acabar con la criatura, clamará: “¡Pero eso es asesinato!”. El Frankenstein de Whale es, pues, un hombre obsesionado con su trabajo, que sufre el espejismo de sentirse Dios por unos instantes, pero que despertará de él gracias a la influencia de su familia ―su padre y su prometida― y le harán retornar a la vida “tradicional”. El resto de la película Henry intentará redimirse del “error” que ha cometido. El “pecado” de Frankenstein, si así puede llamársele, sería, por tanto, solo de soberbia, de querer igualarse a Dios, así pues luego habrá de descender a su condición de mortal[3]. Los paralelismos religiosos después se acentuarán más en la espléndida secuela, La novia de Frankenstein.

Un personaje interesante en su peculiaridad, y que se convertiría después en un arquetipo del género, es el del servidor jorobado Fritz. Es un ser deforme, que se ve repudiado por todos. Cuando la criatura de Frankenstein “nace”, Fritz verá la ocasión de desahogar sus frustraciones con otro que supondrá un reflejo de sí mismo, vengándose en un inocente sobre lo que él mismo padece. Curiosamente, pese a que Frankenstein utiliza de manera despótica y metódica a Fritz, sin embargo, como ya se ha dicho, después se lamentará de su muerte, culpándose a sí mismo de ese hecho, cuando en realidad el culpable no es otro que el propio Fritz, impulsado por su crueldad y su rencor.

El profesor Waldman es el menos atrayente de todos los personajes principales (dejando a un lado los de Victor y Elizabeth, simples comparsas), sirviendo de mera conciencia moral de Henry (y, por extensión, del público de la época). Ni siquiera dudará en matar al monstruo (¡diseccionándolo!) por la aberración que, a su juicio, representa a ojos de Dios, por su mera existencia.

La criatura de Frankenstein sufrirá una asombrosa evolución en la citada secuela, pero en esta película también ofrece elementos de gran interés. Es, a efectos prácticos, un recién nacido que empieza a abrirse camino en un mundo cruel y despiadado. Su “nacimiento”, literalmente, lo hace ver la luz; Henry lo “empuja” hacia una silla, y luego abre un mirador, proyectando un nimbo de albor sobre él. El monstruo extenderá los brazos, intentando asir con las manos los fastuosos rayos que lo envuelven. Luego, Henry cierra el mirador, y se hacen las tinieblas; es la primera frustración que la criatura padecerá en su existencia. Todos los crímenes que comete son fruto de la ira, al devolver daño con daño (los ataques de Fritz, así como el de Waldman), o de su inocencia (la mítica escena con Maria, a la cual confunde con una hermosa flor).

La puesta en escena de James Whale, forjado en el teatro, se centra en potenciar esos orígenes, que aunados al realismo implícito del cine otorgan un aura de “artificiosidad” a la imágenes. Artificiosidad bien entendida, en el sentido de rodear al conjunto de una atmósfera de irrealidad, que incluso los evidentes telones pintados del clímax final potencian, situando al espectador en un terreno de fábula, a mitad de camino entre la literatura gótica y el cuento de hadas. Llaman la atención esas edificaciones con techos altísimos, tanto el molino de piedra del inicio, donde se consuma la creación del monstruo, como la del propio hogar de Frankenstein, convocando una especie de paralelismo entre un lugar y otro. El juego de sombras, además, potencia lo lóbrego de todo el entorno, comenzando con ese arranque en un cementerio, con una iconografía terrorífica, y donde un travelling conecta un entierro con el doctor, aquel que procederá a profanar ese acto religioso.

Es sorprendente cómo, noventa años después, la película sigue desprendiendo magia, belleza y embeleso. Eso es lo que destilan las obras maestras intemporales. Revisar periódicamente joyas de esta categoría sirve para descubrir nuevos alicientes en ellas.

 

Anécdotas

  • Título en México: Frankenstein. Título en Uruguay: Frankenstein, el autor del monstruo.
  • Ken Strickfaden dobló a Karloff cuando está bajo efecto de los aparatos eléctricos.
  • Robert Livingston, aparte de ser el doble de Colin Clive, aparece en algunos planos lejanos que representan a su personaje.
  • Rodada con un presupuesto estimado de 291.000 dólares. Otras fuentes indican, de un modo preciso, 262.007 dólares. En taquilla alcanzó un logro de doce millones.
  • Se filmó una bobina de veinte minutos de prueba, dirigida por Robert Florey, y con Bela Lugosi como monstruo y Edward Van Sloan, en los decorados de Drácula (1931), antes de cambiarse al equipo definitivo. Se considera que esa filmación está desaparecida.
  • Los zapatos con plataforma que vestía Karloff pesaban más de seis kilos.
  • Algunos de los decorados son aprovechados de El legado tenebroso (The Cat and the Canary, 1927), de Paul Leni.
  • Según algunas fuentes, inicialmente se consideró dar al monstruo el nombre de Adán.

  • La escena donde el monstruo tira a la niña al agua costó ser rodada, y la cría fue lanzada una y otra vez. James Whale le prometió que, a cambio, le daría lo que quisiera, y ella pidió una docena de huevos cocidos. Whale le dio dos docenas.
  • James Whale relevó a Robert Florey como director solo dos semanas antes de iniciarse el rodaje, e hizo reescribir totalmente el guion.
  • John Huston escribió uno de los tratamientos iniciales del libreto.
  • Parece ser que John Carradine rechazó el papel del monstruo.
  • Inicialmente se consideró a Leslie Howard como Henry Frankenstein y Bette Davis como Elizabeth.
  • En 1991, El doctor Frankenstein fue añadida al National Film Registry por la United States Library of Congress.
  • Títulos siguientes en la saga:

La novia de Frankenstein (Bride of Frankenstein, J. Whale, 1935).

La sombra de Frankenstein (Son of Frankenstein, Rowland V. Lee, 1939).

The Ghost of Frankenstein [tv/dvd/bd: El fantasma de Frankenstein, Erle C. Kenton, 1942].

Frankenstein y el hombre lobo (Frankenstein Meets the Wolf Man, Roy William Neill, 1943).

La zíngara y los monstruos (House of Frankenstein, E. C. Kenton, 1944).

La mansión de Drácula (House of Dracula, E. C. Kenton, 1945).

  • Estrenada en Estados Unidos el 19 de noviembre de 1931 en Detroit, en una premier, y luego el 21 de noviembre por todo el país. En España se estrenó el 3 de marzo de 1932, en Barcelona.

 

Bibliografía

Frankenstein o El moderno Prometeo; por Mary W. Shelley; edición de Isabel Burdiel; traducción de Mª Engracia Pujals. Madrid: Cátedra, 1996. Colección: Letras universales; 230. Traducción de: Frankenstein (1818).

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: *****

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

 

[1] Estrenada en Preston, Lancashire (Reino Unido) en diciembre de 1927. John L. Balderston realizó una adaptación de ésta para la escena norteamericana, pero quedó inédita. Sin embargo, la Universal compró esa adaptación para el film, de ahí que en los créditos conste “basada en una composición de John L. Balderston”. En la obra, Webling llamó a la criatura por el nombre de su creador, perpetuando a partir de entonces esa constante.

[2] El nombre de Victor fue cambiado a Henry porque, en la época del film, se creía que “Victor” sonaba para los espectadores norteamericanos “severo y poco amistoso”, y Henry era un nombre más familiar y simpático. Curiosamente, el apelativo de Victor fue aplicado a su amigo Moritz, que parece muy interesado en Elizabeth, y que se hace un tanto antipático.

[3] El acto de arrojarlo el monstruo desde lo alto del molino podría equipararse a ese descenso a tierra del personaje, la pérdida de su condición de creador y la asunción de su situación de mortal. En el guion original Henry moría a consecuencia de ese acto; de hecho, cuando lo recogen se oye una voz en off que exclama: “¡Aún vive!”, para luego verse a otros campesinos clamar al monstruo: “¡Asesino!”. El epílogo, con Henry en cama atendido por Elizabeth, se rodó con un doble, dado que Colin Clive ya no estaba disponible, pues ya se hallaba en el Reino Unido. Es muy posible que originalmente se hubiese rodado una escena con Victor consolando a Elizabeth y preparando el camino para el idilio…