Los A-Men, de la Oficina de Investigación Científica, se ocupan de investigar peligros desatados por la ciencia. El doctor Jeffrey Stewart es uno de ellos. En distintos lugares se están dando extraños fenómenos de carácter magnético. Al principio son anécdotas divertidas y que parecen no revestir mayor gravedad, pero paulatinamente ésta se acrecienta y amenaza con provocar una catástrofe de nivel planetario. Stewart habrá de intervenir. 

Dirección: Curt Siodmak, [Herbert L. Strock]. Producción: A-Men Productions para United Artist. Productor: Ivan Tors. Guion: Curt Siodmak, Ivan Tors. Fotografía: Charles Van Enger. Música: Blaine Sanford. Montaje: Herbert L. Strock. FX: Jack R. Glass (efectos fotográficos), Eugen Schüfftan (supervisor efectos visuales). Intérpretes: Richard Carlson (Dr. Jeffrey Stewart), King Donovan (Dr. Dan Forbes), Jean Byron (Connie Stewart), Byron Foulger (Mr. Simon), Leonard Mudie (Howard Denker), Harry Ellerbe (Dr. Allard), Leo Britt, Michael Fox, Jarma Lewis, John Zaremba, Lee Phelps, Watson Downs, Roy Engel, Frank Gerstle, John Vosper, John Dodsworth, Charles Williams, Michael Granger, William ‘Billy’ Benedict, Kathleen Freeman, Douglas Evans, Strother Martin, Elizabeth Root, Juney Ellis… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1953. Duración y datos técnicos: 76 min. – B/N – 1.37:1 – 35 mm.

 

Pese a que la dirección está acreditada a Curt Siodmak, en realidad la mayor parte de The Magnetic Monster [tv/dvd: El monstruo magnético, 1953] la dirigió Herbert L. Strock, pues Ivan Tors, el productor, consideró necesaria su participación dado que gran parte de la cinta incluía metraje de stock, y él era montador; obviamente, Strock también efectuó el montaje de la cinta. Además, parece ser que Siodmak no controlaba muy bien la realización, y tras una discusión con Tors fue despedido y reemplazado por Strock al tercer día. Gran cantidad de planos de archivo, pues, aparecen en la película, coches y aviones en movimiento, planos de equipos científicos y, en el momento climático, los planos finales en la factoría, proceden del muy apetecible film alemán de ciencia ficción Oro (Gold, 1934), de Karl Hartl, perfectamente integrados con el presente. Siodmak dispuso de esos diez minutos finales, comprados por Andrew Marton, y escribió la película con el fin de conducir la trama hacia esa conclusión.

Junto a todo ello, tenemos también al monstruo de la película. No se trata de una criatura peluda, tentacular o de cualquier otra índole. No está realizada por stop motion, ni es una marioneta ni un hombre disfrazado. Es una subpartícula atómica, en concreto serenio[1] bombardeado con partículas alfa durante doscientas horas, cambiando con ello sus propiedades, volviéndolo unipolar y magnético, y haciéndolo inestable. De este modo, el monstruo precisa alimentarse, magnetizando su entorno, y creciendo a medida que consume energía. De aspecto microscópico, como decía, a medida que se alimenta crece y devora energía, a tal punto que llegaría a desequilibrar el planeta y sacarlo de su órbita. El creador del monstruo, por su parte, es un anciano temeroso y agonizante, que tratará de escapar junto a su creación en un avión.

El excelente guion de Siodmak y Tors desarrolla una intriga paracientífica cautivante, desplegando una premisa de ciencia ficción de un modo plausible, manteniendo la emoción en todo momento y no dejando respiro al espectador. Las escasas escenas hogareñas que «interfieren» el relato resultan auténticas y creíbles, y aportan el tono de cotidianidad que una historia como la presente requiere. La sobriedad de los actores ayuda de igual modo a dar credibilidad al conjunto, y el rodaje de los planos (fueran debidos a Siodmak o a Strock, quién sabe) se aúnan perfectamente, conformando un todo homogéneo, seco, directo. La voz en off, tan típica en el cine de ese género de la época, en este caso no supone un postizo superfluo, como en tantas ocasiones, o una manera de desarrollar de forma económica situaciones para la cual la película no está capacitada de mostrar, sino que consigue otorgar un tono documentalista al conjunto que refuerza los resultados.

Una película de ciencia ficción de los cincuenta sumamente original, nada espectacular (pese a los momentos finales, tomados del film alemán, como dijimos), que representa uno de los puntos álgidos de una época gloriosa, pese al escaso crédito del que, por lo general, goza este meritorio título.

 

Anecdotario 

  • Rodada con un presupuesto estimado de 105 000 dólares.
  • Strother Martin efectúa un leve cometido: es el piloto de avión que habla con tierra; Kathleen Freeman, la actriz cómica de muchas películas de Jerry Lewis, es la telefonista de la OIC.
  • Primera película de ciencia ficción para el especialista en el género Richard Carlson.

  • Los científicos de la OIC reaparecerían en las películas Riders to the Stars [tv: Viajeros a las estrellas, 1954], de Richard Carlson, Gog / Gog, the Killer (1954), de Herbert L. Strock, y algunos episodios de la serie Misterios de la ciencia (Science Fiction Theatre; 1955-1957).
  • Estrenada en Estados Unidos el 18 de febrero de 1953 y tuvo una reposición en 1956. En España permaneció inédita, hasta su edición en DVD por parte de Absolute Distribution en su colección L’Atelier XIII, en junio de 2009. Después ha vuelto a ser editada en ese formato por Feel Films en 2012.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: ***

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

 

[1] No nos consta la existencia de este elemento químico. Sí, en cambio, del selenio, un átomo neutro que tiene un total de 34 protones, 34 electrones y generalmente 45 o 46 neutrones.