Londres, Segunda Guerra Mundial. Un bombardeo hace que un vampiro salga a la superficie de donde estaba enterrado y le sea arrancada la estaca que lo mantenía inmóvil. Resucitado, pues, y con ayuda de un servidor, buscará venganza en aquellos que le dieron muerte.

Dirección: Lew Landers. Producción: Columbia Pictures. Productor: Sam White. Guion: Griffin Jay, basado en una idea de Kurt Neumann, con diálogos adicionales de Randall Faye. Fotografía: L. William O’Connell, John Stumar. Música: Mario Castelnuovo-Tedesco. Montaje: Paul Borofsky. Dirección artística: Lionel Banks, Victor Greene. FX: Aaron Nibley    (efectos especiales). Intérpretes: Bela Lugosi (Armand Tesla / Dr. Hugo Bruckner), Frieda Inescort (Lady Jane Ainsley), Nina Foch (Nicki Saunders), Roland Varno (John Ainsley), Miles Mander (Sir Frederick Fleet), Matt Willis (Andreas Obry), Ottola Nesmith (Elsa Walter, la gobernanta), Gilbert Emery (Dr. Walter Saunders), Leslie Denison (detective Lynch), William Austin (detective Gannett), Jeanne Bates, Billy Bevan, Sydney Chatton, Sherlee Collier, Frank Dawson, Harold De Becker, Donald Dewar, Jean Fenwick, Olaf Hytten, Nelson Leigh, Stanley Logan, Audrey Manners, George McKay, Marianne Mosner, Clara Reid… Nacionalidad y año: Estados Unidos 1943. Duración y datos técnicos: 69 min. B/N 1.37:1.

   

El éxito cosechado por parte de Universal con El hombre lobo (The Wolf Man, 1941), de George Waggner, incentivó a otras compañías a realizar nuevos films de temática similar como rápida respuesta, en el intento de sumarse a una taquilla propensa a este tipo de obras. En 1942 vendrían dos ejemplares como The Mad Monster, de Sam Newfield ―por parte de la PRC― y The Undying Monster [dvd: El monstruo inmortal], de John Brahm ―en este caso debida a Twentieth Century Fox―, a las que seguiría un año más tarde la propia Universal con Frankenstein y el hombre lobo (Frankenstein and the Wolf Man), de Roy William Neill. Estrenada en Estados Unidos el 27 de noviembre de 1943, la película, como es fácil de detectar desde su propio título, buscaba la comercialidad aunando dos personajes míticos del catálogo de monstruos de la casa ―elemento que más tarde potenciaría, hasta convertirlo en seña de identidad en la época―. De inmediato, Columbia Pictures Corporation intentaría sumarse al concepto ideando The Return of the Vampire [dvd: El regreso del vampiro], estrenada poco más de un mes después. En esta ocasión, la inventiva del guion buscaba aunar al vampiro del título con un hombre lobo, partiendo de una idea del curioso Kurt Neumann[1], convertida en guion por parte de Griffin Jay[2], con diálogos adicionales de Randall Faye.

Rodada, por tanto, a lo largo de 1943, en su concepción influiría de una forma decisiva la contienda bélica en la que, en aquel entoces, estaba sumida buena parte del planeta, y que en esos momentos se encontraba en su cénit. El cine de Hollywood realizaba mucho film propagandístico por aquel entonces, no ya solo del género más obvio, el de guerra, sino que otros géneros también se veían contagiados por el mismo, así el terror. No parece pues casualidad que, tras un prólogo ambientado en 1918, la acción pase a la actualidad, esto es, el Londres bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial. Para protagonizar la película se reclutaría a Bela Lugosi, con la idea inicial de que encarnara al mismísimo conde Drácula que le lanzara al estrellato apenas una década antes. Sin embargo, tal pretensión sería impedida por la Universal, obligando a que su vampiro fuera rebautizado como Armand Tesla (aunque después se hará llamar Dr. Hugo Bruckner), si bien la iconografía que luce el actor nacido en Lugos a lo largo del metraje es inequívoca a este respecto.

Lo chocante de la cinta es que el vampiro protagonista decide hacer uso de un servidor, de nombre Andreas Obry, un hombre de débil voluntad que comprobará cómo el no muerto, por medio de poderes hipnóticos, lo convierte en un hombre lobo, un tanto atípico, eso sí, a tal punto que muchos espectadores contemporáneos verán el film con una carcajada constante y lo rechacen después, sin mayor apreciación por él. Craso error, pues, pese a esos elementos diríase discordantes, The Return of the Vampire es una obra a considerar. ¿Y cuáles son esos elementos discordantes? Pues, amén de la labor de servidumbre por parte del hombre lobo, el hecho de que aún sea consciente y hasta hable muy locuazmente, lo cual como mínimo resulta chocante. Incluso en un momento determinado veremos al licántropo pasear de forma muy tranquila con un paquete debajo del brazo ―recordemos al protagonista de El lobo humano (The Werewolf of London, 1935), que antes de salir cogía gorra y bufanda, acaso para no acatarrarse―. A efectos prácticos, casi puede considerarse al personaje como un humano normal, tal vez con ciertos problemas capilares, pues su condición licantrópica en nada afecta al desarrollo dramático de la cinta. Puede ser que la idea originaria tratara solo del vampiro, y más adelante se decidió convertir a Obry en un hombre lobo.

El diseño del licántropo, por lo demás, es bastante atractivo, pese a que en ocasiones pueda parecer más un perro pastor inglés que un lobo, con un hociquito siempre húmedo y orejas puntiagudas. La labor no acreditada de esta caracterización inspiraría más de diez años después el boceto de otro hombre lobo de la Columbia, el de The Werewolf [dvd: Los colmillos del lobo, 1956].

La historia, pues ofrece, como se decía, ese prólogo en 1918, durante la Primera Guerra Mundial, donde el no muerto cae presa de unos cazadores de vampiros, para quedar desenterrado años después cuando los nazis bombardean Londres, y a continuación le será arrancada la estaca que lo mantenía inmóvil. Resucitado, pues, y con ayuda de su servidor, buscará venganza en aquellos que “acabaron” con él. Tanto el prólogo como la parte posterior, como se ve, se centran en distintas acciones bélicas, lo que podría ser intencionado, acaso, en una tentativa de equiparar un tipo de azote con ese otro que representa el del vampiro: el mal que causan los hombres enfrentado al que causa el propio Mal.

La puesta en escena corre a cargo de Lew Landers, nacido como Louis Friedlander, nombre este con el cual fue responsable para la Universal de la soberbia El cuervo (The Raven, 1935), con Karloff y Lugosi. Más tarde acabaría volcado a la serie B, tocando muchos géneros, en particular el policial. Su labor en El cuervo se inclinó en crear una atmósfera de sadismo, e hizo uso de las sombras para no mostrar los momentos más horrorosos, pero no buscó un aura gótico, estando más cerca al cine de gánsteres de moda en la época por parte de productoras como la Warner o MGM. Aquí, sin embargo, sí busca intencionadamente ese referido goticismo, inclusive regodeándose en él. Las nieblas, los contraluces, las sombras, todo ello se adueña de la función de un modo arrebatador, embelesando al espectador amante del género con la bellísima fotografía en blanco y negro debida a L. William O’Connell y John Stumar. Landers busca no otra cosa que otorgar plasticidad a las imágenes, reflejar con fidelidad una atmósfera a una historia que podría venir procedente de las revistas pulp de la época, simpática y desprejuiciada, sin otra motivación más que la de entretener. Las imágenes aportan una belleza innegable al conjunto, incluso un leve toque de “seriedad” a una trama que, precisamente, podría no ser tomada muy en serio. Landers conjunta todos los elementos que se aúnan, y que podrían semejar ajenos entre sí, y logra conformar con ello un todo homogéneo, asociando el ambiente bélico, el vampiro, el hombre lobo y los detectives de lo sobrenatural que aquí convergen.

El plantel de actores, desde luego, también ayuda a brindar un aura de credibilidad a The Return of the Vampire, no solo por parte de Bela Lugosi, que encarna un papel que ya se sabe de memoria con todos los matices habidos y por haber, sino el resto del elenco, con Nina Foch a la cabeza en su debut cinematográfico. En cuanto al intérprete que da vida al hombre lobo, Matt Willis, logra aportar simpatía a un cometido que podría haber caído en el mayor de los ridículos.

 

Anécdotas

  • Título de rodaje: Vampires of London.
  • Título en Argentina y México: El regreso del vampiro.
  • Rodado con un presupuesto de 75.000 dólares, de los cuales 3.500 fueron a parar a manos de Bela Lugosi (el mismo salario que tuvo para Drácula), ganó una taquilla, según el actor, de medio millón.
  • El ayudante de dirección es el posterior realizador Earl Bellamy.
  • Rodada entre el 21 de agosto y el 9 de septiembre de 1943.
  • Estrenada en Estados Unidos el 11 de noviembre de 1943. En España no se exhibió hasta su edición en DVD por parte de Absolute Distribution, en el pack “Los grandes clásicos del cine de terror” de L’Atelier.

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

 

CALIFICACIÓN: ***

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

 

[1] Habitual director, es responsable de tres clásicos de la ciencia ficción como son Cohete K-1 (Rocketship X-M, 1950), Kronos [dvd: Kronos, 1957] y La mosca (The Fly, 1959). Según se dice, Neumann dirigió algunas escenas de la presente, quedando sin acreditar.

[2] Quien volvería a abordar el mito en Cry of the Werewolf (1944), de Henry Levin, también para la Columbia. Esta película, inicialmente, buscaba ser secuela de la presente, pero después se desvinculó.