En el siglo XIX, un frenólogo francés roba la calavera del recién enterrado marqués de Sade. En el Londres actual, Christopher Maitland, un experto y coleccionista de lo oculto, es contactado por un tratante de dudosa moralidad, que le ofrece el cráneo. El amigo de Maitland, Sir Matthew Phillips, le refiere que le fue robado a él.
Dirección: Freddie Francis. Producción: Amicus Productions. Productores: Max Rosenberg, Milton Subotsky. Guion: Milton Subotsky, según el relato de Robert Bloch. Fotografía: John Wilcox. Música: Elisabeth Lutyens. Montaje: Oswald Hafenrichter. Dirección artística: Bill Constable. FX: Ted Samuels (efectos especiales), Doug Ferris (pinturas matte). Intérpretes: Peter Cushing (Christopher Maitland), Patrick Wymark (Anthony Marco), Christopher Lee (Sir Matthew Phillips), Jill Bennett (Jane Maitland), Nigel Green (inspector Wilson), Patrick Magee (forense), Peter Woodthorpe (Bert Travers), Michael Gough (subastador), George Coulouris (Dr. Londe), April Olrich (chica francesa), Maurice Good (Pierre, el frenólogo), Anna Palk (doncella), Frank Forsyth (juez), Paul Stockman (primer guardia), Geoffrey Cheshire (segundo guardia), George Hilsdon, Jack Silk, Lewis Alexander, Jack Armstrong, Alan Beaton, Joe Beckett, Paul Beradi, Ernest Blyth, Arthur Goodman, Jack Hetherington, Eric Kent, Aileen Lewis, Cecil Paul, Harold Sanderson… Nacionalidad y año: Reino Unido 1965. Duración y datos técnicos: 83 min. – Technicolor – 2.35:1 – Techniscope – 35 mm.

La Amicus es la compañía británica especializada en terror más importante después de la Hammer. Fundada en 1962, como tantas otras que surgieron en esas fechas o poco después, buscaba aprovechar el éxito que la Casa del Martillo había tenido, y su primer aporte fue el filme de sketches Dr. Terror (Dr. Terror’s House of Horrors, 1965), dirigido por Freddie Francis. Su siguiente producción fue Dr. Who y los Daleks (Dr. Who and the Daleks, Gordon Flemyng, 1965), típica maniobra de adaptar al cine un éxito televisivo, algo que había lanzado a la fama a la Hammer y que, por otro lado, era una estrategia habitual de las productoras británicas.

Y después llegó La maldición de la calavera (The Skull, 1965), un intento por parte de la empresa de ofrecer un largometraje en color con una única historia, para adaptarse a la dinámica habitual de la Hammer. Para ello recurrieron a un relato escrito por Robert Bloch, de escasa extensión[1] y, según Freddie Francis, el «guion» de Milton Subtosky era poco más que un esbozo y hubo que añadir mucho durante el rodaje y, más tarde, en la posproducción, para que tuviera una duración adecuada.

Freddie Francis, como vimos, ya participó en la previa cinta de terror de la Amicus. Se trataba de un veterano y reputado director de fotografía que decidió pasarse a realizador, aunque él mismo no valoraba en exceso esa faceta profesional. Había debutado con la comedia Two and Two Make Six (1962), a la que siguió el thriller de ciencia ficción Venganza (The Brain / Ein Toter sucht seinen Mörder, 1962), una coproducción con Alemania que adaptaba una novela de Curt Siodmak. Después llegaron sus aportes no acreditados a The Day of the Triffids [tv/dvd: La semilla del espacio, 1963], que dirigiera Steve Sekely, y luego entró a trabajar para la Hammer. Ahí dirigió un díptico de intrigas psicológicas en blanco y negro, El alucinante mundo de los Ashby (Paranoiac, 1963), y El abismo del miedo (Nightmare, 1964), y brindó una nueva entrega al ciclo de la creación de Mary Shelley con The Evil of Frankenstein [tv/dvd/bd: La maldad de Frankenstein, 1964]. A continuación llegó otra coproducción con Alemania, la adaptación de Edgar Wallace Traitor’s Gate / Das Verrätertor (1964), y al fin se puso al frente de Dr. Terror.

Antes de abordar la presente había hecho una nueva participación a la Hammer con otra intriga del ciclo de terror psicológico, Hysteria (1965). De entre todas esas películas referidas, puede que lo mejor fuera el díptico inicial citado, dos cintas lóbregas, con buena atmósfera y con la tensión siempre conveniente. Dr. Terror se veía perjudicada por lo muy convencional de sus planteamientos dramáticos. Puede que, por ello, la Amicus, a partir de entonces, buscara para sus obras un origen literario que concediera mayor empaque narrativo a sus propuestas.

Lo cierto es que La maldición de la calavera, que no llega a la hora y media de duración, tiene un trazado escaso, con una trama muy exigua. Pero a nuestro juicio funciona. Y muy bien. La propuesta funciona extraordinariamente gracias a una serie de elementos conjuntados a la perfección, como son el reparto, el diseño de producción, la fotografía, la música y la puesta en escena de Francis. Respecto al reparto, poco hay que decir que no se sepa. Dado lo escaso de los intérpretes, se reservaron papeles casi de cameo para grandes figuras, como Michael Gough, que es el subastador, o Patrick Magee, como el forense. Christopher Lee consta como «artista invitado», y aparece unas cuatro o cinco veces a lo largo de la trama. Pero Peter Cushing resalta como gran estrella que ilumina toda la narración, y está tan portentoso como es costumbre en él.

La fotografía es excelente, como suele ser norma cuando Freddie Francis dirige. John Wilcox y Francis se conocían desde hacía tiempo: ambos habían trabajado como cámaras en África dentro del filme de aventuras y romance Pasión en la selva (The Macomber Affair, 1947), de Zoltan Korda, y ya antes habían participado en un par de cortometrajes. En El desterrado de las islas (Outcast of the Islands, 1951), de Carol Reed, Wilcox era el director de fotografía (en asociación con Edward Scaife) y Francis uno de los ayudantes de cámara. Ya en El abismo del miedo Francis contó con él como director de fotografía, y lo hizo siempre que pudo. Ambos debían entenderse a la perfección, y aquí el color se convierte en un elemento expresivo, donde el propio cráneo representa una fuente de iluminación, que parpadea para enunciar que está vivo y consciente.

La música corresponde a la compositora vanguardista Elisabeth Lutyens[2]. Es sorprendente cómo, con esos antecedentes, funciona tan bien, y lo cierto es que Lutyens participó en bastantes películas de terror, muchas de ellas de Francis. En una cinta con tantos silencios (toda la parte final está casi ausente de diálogos), la música ha de convertirse no solo en un acompañamiento, sino en un elemento descriptivo y atmosférico, y Lutyens le otorga una fuerza ambiental apasionante. El propio escenario, pues la acción transcurre casi toda dentro de la casa de Maitland, se convierte en un dispositivo gráfico más.

Christopher Maitland es un experto en lo sobrenatural, que colecciona piezas de esa temática, estudia y escribe libros al respecto. Su amigo Sir Matthew Phillips es un rival en ese sentido, pero la caballerosidad y el compañerismo siempre están por delante, y suelen jugar al billar juntos. Entre ambos se muestra la figura de Anthony Marco (Patrick Wymark), un tratante de pocos escrúpulos, que no investiga (o no le importa) mucho la procedencia del material con el que trafica, pero lo cierto es que tanto Maitland como Phillips son clientes habituales de él. Ahora, a Maitland, tras ofrecerle un libro sobre la vida del Divino Marqués encuadernado en piel humana, le ofrenda nada menos que el cráneo de Sade, que retiene aún la malignidad que lo movió en vida, y la transmite a quienes lo poseen.

Escaso tiempo transcurre desde que Maitland toma posesión del cráneo (o más bien lo contrario), pues los efectos son inmediatos. Ya dijimos con anterioridad que la propia calavera representa una fuente de iluminación, mostrando de esa manera su conciencia vital; además de ello, la propia planificación de Francis ayuda a proporcionar esa sensación de influencia sobrenatural. Hay instantes en los que, en esencia, nada sucede; sin embargo, solo por la música y los movimientos de cámara de Francis, fluidos, constantes, la presencia maligna se percibe angustiantemente palpable.

El punto de vista, por tanto, es el que proporciona esa ambientación sobrenatural tan conseguida, con un detalle en apariencia obvio pero muy convincente, como es colocar la cámara desde dentro de la calavera, para de ese modo mostrar a un Maitland aterrorizado a través de las cuencas de los ojos. Algunas críticas señalan el abuso de ese recurso, pues lo emplea en diversas ocasiones, pero para mí, en lugar de agotarlo lo que hace es potenciarlo, exponiendo cómo el dominio del cráneo es constante e inagotable. De tal manera, tenemos una historia muy sencillita y, al tiempo, tremendamente efectiva.

Anecdotario
- Título en Argentina: La calavera del Marqués de Sade. Título en México: La calavera del marqués.
- Rodada en enero de 1965 en los Shepperton Studios, en Shepperton, Surrey, Inglaterra, Reino Unido. La entrada del hogar de Maitland está situada en Great Cumberland Place, en Marylebone, Londres.

- En Francia, los herederos de Donatien Alphonse François de Sade presentaron cargos para impedir el uso de su nombre en el material publicitario. Los cambios en los pósteres y lobby-cards se hicieron en el último momento, poniendo el nuevo título «Le crâne maléfique» (que significa «La calavera malvada») sobre el primero, «Les forfaits du Marquis de Sade» (que significa «Las infamias del marqués de Sade»). Solo con esa condición se podría estrenar la película en los territorios franceses.
- En la vida real, el cadáver del marqués de Sade fue exhumado de su tumba, situada en los terrenos del manicomio de Charenton —donde falleció en 1814—, y se le extrajo el cráneo para someterlo a un análisis frenológico. Posteriormente se perdió, y se desconoce su paradero.
- Patrick Magee (el forense de la policía) interpretó al marqués de Sade en Marat/Sade (Marat/Sade, 1967), de Peter Brook.
- Aunque fue aprobada por la BBFC en octubre de 1965, esta película no se estrenó en el Reino Unido hasta noviembre de 1966, cuando salió como la complemente de un programa doble con el drama Falso ídolo (The Idol, Daniel Petrie, 1966).

- Estrenada en el Reino Unido el 4 de noviembre de 1966. En España carecemos de datos, pero la fecha de resolución del Ministerio de Cultura consta como 29 de octubre de 1966, es decir, antes de su estreno en su país de origen, lo que indica una velocidad portentosa.
Bibliografía
«La calavera del marqués de Sade»; por Robert Bloch. En TerrorVisión. Relatos que inspiraron el cine de horror moderno; recopilación, prólogo y artículos de Jesús Palacios; traducción de Daniel Aguilar, José María Nebreda, Juan Antonio Molina Foix, Manuel Ortuño, Marta Lila Murillo, Mauro Armiño, Santiago García. Madrid: Valdemar, 2018. Colección: Gótica; nº 114. T.O.: «The Skull of the Marquis de Sade» (Weird Tales, septiembre de 1945).
Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

CALIFICACIÓN: ****
- bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra
[1] En la única edición publicada en España que existe, la de Valdemar que glosamos en la bibliografía, alcanza 21 páginas.
[2] Compuso mucha música de cámara, vocales y corales, solos, para pequeña orquesta y conciertos sinfónicos, así como óperas y música para teatro.
